La casilla demoníaca (solución)

Después de mucho —muchísimo…- tiempo he vuelto para pensar qué hacer con Azúcar con Sal. Tras un curso de mucho trabajo y estudio llegaron un par de semanas de relax en las que no quise tocar un ordenador. Y luego la preparación del viaje… Ahora mismo estoy escribiendo desde Chapel Hill, North Carolina (USA), pero eso lo contaré en la siguiente entrada.

¡Click aquí para ver la solución a “la casilla demoníaca”!

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La casilla demoníaca #AcSFacts

Esta semana, en clase (en Ingeniería Física), oí a dos compañeros discutir sobre un acertijo. Ambos estudian Ingeniería Física y Matemáticas, así que fácil no iba a ser… Me ha parecido muy interesante —y, aparentemente, absurdamente complejo- y quiero compartirlo —aún no sé la respuesta, y quiero seguir pensando antes de preguntársela, así que la publicaré en unos días, si es que me la quiere contar y la consigo entender-. Ahí va:

Imagina que vas caminando por la calle con Will Smith. Sí, como sueles hacer de costumbre. De repente, casi como por arte de magia, se os aparece el demonio justo delante y os “invita” a viajar con él a su despacho.

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Una vez allí, coge a Will y lo aísla completamente: le venda los ojos, le tapona los oídos, le ata brazos y piernas y lo cubre con una sábana. Es imposible comunicarse con él. Entonces el demonio te lleva junto a una mesa sobre la cual hay un tablero de ajedrez, con sus 64 casillas. Él saca una bolsa con monedas y las empieza a colocar meticulosamente sobre el tablero. Una en cada casilla. Situadas exactamente en el centro de cada una —ya sabemos todos lo meticuloso que es el demonio-. Todas las monedas tienen dos caras, bueno, una cara y una cruz. Y no sabemos cuántas caras y cuántas cruces hay boca arriba hasta que no las coloca —podrían ser todas caras, mitad y mitad o cualquier otro resultado-. Tras ello, el demonio te muestra cuál es su casilla favorita —sí, el demonio es muy caprichoso y tiene una casilla preferida-.

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Te pide luego que gires una moneda con el objetivo de que Will pueda adivinar la casilla favorita del demonio. Tú le haces caso, pero no la volteas tú, sino que mágicamente la moneda se eleva en el aire, se da la vuelta y vuelve a ser depositada en el centro de su casilla —y sí, el demonio las podría haber colocado inicialmente con sus poderes telequinéticos en lugar de hacerlo a mano, pero todos sabemos que el demonio también es muy de estar por casa-. Finalmente, intercambia tu posición y la Will. ¿Qué moneda has girado para que Will pueda conocer la casilla favorita del demonio?

Nota importante: como Will y tú estáis muy acostumbrados a estas apariciones, ya habíais planeado qué hacer en caso de que tuvierais este problema. Es decir, Will sabrá interpretar tu movimiento igual que tú.

Good luck! =)

Temporada 3 – #AcSFacts

¡Hola! Llega una nueva temporada en Azúcar con Sal —un poco tarde, pero llega- en la que vamos a inaugurar otra nueva sección. Las Entrevistas con Sal irán cogiendo ritmo poco a poco —en realidad, muy poco a poco- ya que son bastante más difíciles de preparar que una entrada normal —requieren muchísimo más tiempo- y acabo por ir dejándolas pasar. Desde verano no he podido publicar porque he estado muy ocupado con el inicio de curso y aún no he tenido suficiente tiempo para Azúcar con Sal —normalmente tengo que entregar de dos a cuatro informes de laboratorio por semana, además de otros trabajos y del estudio-. Así que la nueva sección surge de esta falta de tiempo: los Azúcar con Sal Facts, #AcSFacts, que tienen como objetivo crear una mini-entrada en la que se hable únicamente de un tema concreto —de costumbre suelo desviarme- y refleje alguna idea clara, dato curioso o hecho sorprendente, pero siempre en la misma línea que el resto de entradas de Azúcar con Sal.  Sin más, ¡mañana estrenamos #AcSFacts! Enjoy! =)

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Fenómenos virales

A veces internet se convierte en una jaula de grillos. Infinidad de personas —pongamos n>>>1, aproximadamente- deambulan cada día por las redes y todos dejan su granito de arena. Hay quién deja su terrón: que si el presidente de no-se-qué ha dicho tal cosa, que si tal futbolista ahora se ha hecho amigo de este otro, que si aquella compañía ha hecho un posible guiño a un nuevo producto que está desarrollando, etcétera, etcétera y más etcétera. Sin embargo, en ocasiones, hacemos una montaña de un grano de arena, ¿o no?

Fe1¿Reconocéis este vestido? Seguro que sí. Algunos dicen que lo ven blanco y dorado, otros azul y negro. En unos pocos días —e incluso en unas pocas horas- llegó a casi todos los rincones del mundo. Primero, inocentemente, invadió Twitter. Después llegó a aparecer en televisión —incluso la diseñadora fue entrevistada en la CNN, si no recuerdo mal- y en diarios —al menos en versiones digitales-, llegando a convertirse en el icono de una campaña publicitaria contra la violencia de género de Sudáfrica. Era una ilusión óptica muy curiosa —ya que no estaba preconcebida sino que surgió al hacer una foto normal- que se acabó convirtiendo en algo increíble. Completamente viral.

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¿Y a quién no le suena la frase “la que has liao pollito”? Este año pasado también irrumpió en Youtube y en Whatsapp el vídeo de esta niña pequeña que discute con su pollito. En ocasiones, lo viral puede llegar a serlo gracias a su componente gracioso.

Otro ejemplo sería el archifamoso Ice bucket challenge que se propagó por todo el globo el verano pasado. Vemos que también una buena causa puede convertirse en “pandémica”. El objetivo de esta campaña fue recaudar dinero para la lucha contra la ELA —esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que padece, entre otros, Stephen Hawking-, pero ¿por qué había que tirarse un cubo de agua muy fría por encima? La idea era sufrir en nuestras propias carnes durante un instante la sensación que padecen los enfermos de ELA. Una idea sencillamente genial que se convirtió en viral.

El sueño de cualquiera que comparta cosas —textos, tuits, dibujos, fotografías, vídeos, música, etc.- en internet es conseguir generar un fenómeno de este tipo y que en un ∆t lo suficientemente pequeño —del orden de un día- sus creaciones, ideas o reflexiones se conviertan en el tema de moda a gran escala. Aún más si hay intereses económicos de por medio. Una vez me sucedió algo de este estilo con Azúcar con sal. Si bien no se convirtió en ‘trending topic’ mundial ni siquiera nacional, hubo una ocasión en que las visitas se vieron aumentadas en un 500%. ¿Por qué? Bueno, pues la cosa es que la mayoría de los lectores abrían esencialmente una entrada: Cosas que pasan en un avión. Normalmente los artículos reciben pocas visitas puesto que se pueden leer desde la página de inicio. Por tanto, la mayoría de los visitantes lee entradas desde ese mismo sitio. Para hacernos una idea de lo que ocurrió con Cosas que pasan en un avión, comparémosla con otra entrada aleatoria, por ejemplo, Preguntas que no se preguntan: esta se publicó en septiembre de 2013 y a día de hoy ha recibido 183 visitas —aunque ha sido leída muchas más veces desde la página principal-, mientras que la del avión también fue publicada ese mismo mes y hasta 2014 estaba siendo menos popular que la anterior, sin embargo, en los meses de marzo y abril de 2014 recibió 1.941 visitas. ¿Y por qué? Por aquel entonces (8 de marzo de 2014) fue cuando desapareció el avión del vuelo 370 Malaysia Airlines, que a día de hoy aún no ha sido hallado. De este modo, muchos de los curiosos que merodeaban por la red en busca de posibles teorías conspirativas, pistas, información o explicaciones del suceso, llegaron a Cosas que pasan en un avión. Y es por ello que esta entrada batió todos los récords de visitas hasta el momento de forma completamente inesperada.

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Y bien, ¿cuál es la clave de estos fenómenos virales? Pues si lo supiera, Azúcar con sal colapsaría ante una avalancha de visitantes. Si alguien lo supiera probablemente se convertiría en una de las mentes más importantes y codiciadas del mundo. Es algo totalmente aleatorio y caótico. Habiendo cientos —o miles… mejor pongamos n>>>1- de ilusiones ópticas, vídeos de nenes graciosos y campañas de beneficencia circulando por internet, ¿por qué se hicieron tan famosos el vestido, el pollito y el cubo de agua? Sería muy interesante estudiar este tema en profundidad. Y muy útil. Aunque también podría ser un arma de doble filo, dando la oportunidad a quienes descubrieran sus secretos de entrar en la mente de millones de personas. Como dijo Spiderman, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. ¿Qué pensáis? En fin, deseando que esta entrada llegue al Olimpo de la viralidad, os dejo una divertida actuación con toallas:

Por cierto, el vestido es azul y negro, obviamente =)

El último adiós

Ya hace unos días que dejamos atrás 2014. Y se acabó sin post navideño —muy a mi pesar, por falta de tiempo-. Precisamente hoy quiero hablar de esto, de la pérdida. De aquello que dejamos atrás. De ese “adiós” que realmente duele. Porque sabes que nunca más volverás a decir “hola”.

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Muchos han hablado y escrito sobre este tema. Pero hoy me interesa especialmente el enfoque de la psiquiatra suizo-estadounidense Kübler-Ross. Su modelo —el llamado modelo de Kübler-Ross- describe cinco etapas que atravesará una persona al hacer frente a una pérdida o hecho traumático —divorcio, drogodependencia, diagnóstico de infertilidad, fallecimiento de un ser querido-, aunque generalmente sea el advenimiento de la propia muerte.

Una de mis sagas favoritas de videojuegos es The Legend of Zelda —y no, Zelda NO es el hombrecillo de verde, ese es Link, Zelda es la princesa-. The Legend of Zelda: Majora’s Mask es sin duda el título más complejo. Nació en el 2000 para Nintendo 64 y empecé a jugarlo por aquel entonces. Y sigo fascinándome con él —este año sacarán una adaptación a Nintendo 3DS, así que si algún hijo, sobrino o incluso vosotros tenéis una, os lo recomiendo-. ¿A qué viene esto? Pues bien, como decía, la trama del juego es terriblemente compleja, hasta tal punto que existen diferentes teorías sobre la misma. A mí la que más me gusta es una que explicaba el usuario RanguGamer en su canal de Youtube. Y se basa en el modelo de Kübler-Ross. Primero pongámonos en situación.

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La historia comienza justo después de terminar The Legend of Zelda: Ocarina of Time. En este, Link, un niño de ropas verdes que vivía en el bosque Kokiri, resulta ser el héroe del tiempo. De este modo, ha de viajar al futuro para salvar al Reino de Hyrule del Señor de las Tinieblas, Ganondorf. En ese viaje —que es básicamente la trama del juego- se hace mayor bruscamente, su mentalidad de niño queda encerrada en un cuerpo adulto y vive una vida en la que nunca existió la transición a la madurez. Una vez conseguido su objetivo, Link ha de volver al pasado, a la infancia que dejó a medias, pero manteniendo su recién forjada conciencia de adulto. Y en su mente siguen habitando todas esas personas a las que quería y con las que compartió su vida en el futuro. En un futuro que ahora nunca sucederá, puesto que ha salvado Hyrule del mal y toda esa gente nunca lo habrá conocido o incluso ni siquiera llegarán a existir.

Majora’s Mask comienza aquí. Link pasea por el bosque con su yegua buscando algo —parece ser que a Navi, su pequeña hada compañera de fatigas, ya que en todo el juego no aparece por ningún lado-. Entonces es atacado por Skullkid, un niño con forma de espantapájaros que lleva una macabra máscara en forma de corazón torturado —la máscara de Majora-.

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En cierto momento del conflicto, Skullkid empuja al joven Link a un pozo. Cuando despierta, se halla en unas cloacas. Y su cuerpo no es humano, sino de deku, una raza de criaturas de los bosques.

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Tras lidiar con ciertos rompecabezas, se encuentra con el vendedor de máscaras —un misterioso personaje que aparece muy poco en el juego pero que es el eje central, ya que era el propietario de la máscara de Majora-. Este le ofrece devolverle a Link su forma humana a cambio de que le ayude a recuperar la máscara robada. Trato hecho. Cuando rompe el hechizo, el vendedor “atrapa” el cuerpo de Deku en una máscara y se la regala al joven para que la utilice si es necesario. Le explica que cada vez que se ponga una de las máscaras, su cuerpo cambiará de forma. El vendedor le dice también, después de algunas peripecias, que la maldición de Majora hará que la luna caiga sobre la Tierra en un plazo de 3 días. Urge recuperarla.

Al salir a la superficie ya no está en el bosque. Se encuentra en la Ciudad del Reloj, capital de una nueva región, Términa. En la ciudad se está organizando un carnaval y hay un ocioso ambiente festivo. Todo ello, junto con el carácter de los habitantes, hace que nadie se preocupe por esa terrorífica luna que fija la mirada en la ciudad, dispuesta a caer sobre ella y destruirla.

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Para detenerla, Link deberá viajar a distintos lugares de Términa con objetivo de resucitar a los Cuatro Gigantes. Estos serán capaces de frenar al astro amenazante y permitirán a Link finalmente subir a la misma luna a enfrentarse allí con el propio Majora. Cuando lo consigue, vemos como acaba celebrándose el festival y el vendedor desaparece con su preciada máscara.

La teoría que, como he dicho, más me gusta sobre este juego es la de que en realidad todo es un “sueño”. Resulta poco creíble que Link caiga a un pozo y llegue a un lugar que no aparece en los mapas, a kilómetros de profundidad pero que está en la superficie. Todo esto es una creación de la máscara. Majora ha llevado al héroe del tiempo a una realidad en la que luchará contra él mismo, contra los traumas que lo atormentan, hasta tal punto que todos los personajes de Majora’s Mask son un reflejo de los de Ocarina of Time. Además, observamos un constante ambiente escalofriante y tétrico.

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Si ponemos especial atención podremos observar las cinco fases del duelo de Kübler-Ross a lo largo del argumento:

Negación. Los habitantes de la Ciudad del Reloj preparan felices las fiestas, sin dar importancia a la destrucción inminente que se cierne sobre ellos.

Ira. Cuando Link viaja al pantano, el jefe de una colonia Deku está furioso porque han secuestrado a su hija y lo paga con unos monos inocentes.

Negociación. El fantasma del fallecido líder de la tribu Goron se aparece a Link para rogarle una segunda oportunidad en la vida, ofreciéndole su máscara para poder vivir a través de él cada vez que se la ponga.

Depresión. Otra de las máscaras que Link obtendrá es la de Mikau, un joven y admirado guitarrista de la raza Zora que el mar ha asesinado. Su madre permanece todo el juego de pie en la playa. Mirando al horizonte. Sin hablar.

Aceptación. La última prueba que ha de superar Link para resucitar al cuarto gigante es la escalada de la Torre de Piedra, en cuya cima obtendrá las flechas de luz. Esto parece simbolizar la ascensión de su alma y la aceptación de la cruda realidad.

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Pero Link está vivo, no tiene que superar su muerte. Lo que está intentando superar a lo largo de todo Majora’s Mask es la muerte de su identidad. El desvanecimiento de su vida adulta. ¿Qué hará el héroe del tiempo ahora que ha cumplido su misión y ha perdido todo aquello que quería al volver al pasado?

Uno de los elementos que destaca en el juego es el uso continuado de máscaras para poder progresar. Link ha de cargar con todas ellas en su aventura. Ha de llevar consigo el peso de los difuntos que las han legado.

Otro de los puntos fundamentales —y originales- del juego es el tiempo. Cada minuto que jugamos supone el paso de una hora en Términa. Y a las 72 horas —tres días y tres noches-, fin del juego. Pero Link posee la ocarina del tiempo —reminiscencias de Ocarina of Time-, con la que puede volver al principio del primer día portando con él los ítems y máscaras que haya conseguido. Está predestinado a repetir los mismos tres días una y otra vez para poder salvar Términa. No hay forma de perder. Siempre puede volver a tocar la canción del tiempo para regresar al primer día. Es una lucha interna contra sí mismo. Siempre puede volver a intentarlo. Pero… ¿querrá hacerlo?

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Espero que os haya gustado este resumen de The Legend of Zelda: Majora’s Mask —por cierto, si no me equivoco, Zelda no aparece en todo el juego- y haya sido ilustrativo del modelo de Kübler-Ross. Por último, os dejo una archiconocida melodía que hace poco redescubrí y que habla sobre la pérdida, la desesperación, cómo convivir con la muerte. Y resulta que es la más escuchada en los funerales británicos. Nunca hubiera imaginado que un grupo cómico —los hilarantes Monty Python- fueran los más comunes invitados =)

Nota: la increíble historia de la máscara de Majora es más complicada —no he comentado nada sobre las incontables historias secundarias, por ejemplo-. Por si queréis algo más de información sobre Ocarina of Time y Majora’s Mask os dejo el link del vídeo con la teoría que he explicado: https://www.youtube.com/watch?v=QFzHrFIi95s. También está bien la sinopsis que hay en Wikipedia.

Nota 2: Sí, en Majora’s Mask Link es un niño y en la última foto he puesto uno más crecidito.

Cómo mezclar azúcar con sal

Hace ya por lo menos un mes que no hay novedades por Azúcar con Sal. Y ya es hora de destrozar el contador de visitas —en realidad basta con volver a las estadísticas de siempre-. Me planteé hacer algo un poco diferente, no una entrada más sino la entrada. Algo un poco diferente. Y cómo mezclar azúcar con sal.

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Pero ahora mismo acabo de cambiar de opinión y no voy a hablar de lo que pensaba. Se me acaba de ocurrir algo mejor —o que al menos pienso que puede ser mejor-. Ayer tuve que presentar el trabajo final de una asignatura frente a toda la clase. Y creo que me fue bastante bien. Todos lo hicimos apoyados por una presentación con diapositivas. Pero qué presentaciones… Una repleta de faltas de ortografía. Otra se dedicaba a dar nombres de científicos y fechas sin explicar nada interesante —es que ni siquiera me acuerdo de qué habló aquel-. Otra con diapositivas infestadas de letras apretujadas —quien hizo esta se dedicó puramente a leer, de espaldas al público-. Otra con contenidos tan desordenados y arbitrarios —y aburridos- que parecía que estabas haciendo zapping. Otra con tal estilo que parecía hecha por un pastor de la España rural —era hasta incómoda de ver-. Y no exagero —aunque no todas fueron así-. Fue un espectáculo. Uno de los dos profesores que nos evaluaba se acabó cabreando tanto que nos terminó dando una impetuosa charla, al estilo TED, en la que remarcó repetidas veces la necesidad de un pensamiento transversal. La necesidad de no solo explicar la tecnológica de los aviones de la I Guerra Mundial. La necesidad de explicar también que el avión tenía un motor en una época en que la gente iba a caballo. La necesidad de decir que el avión incorporaba un reloj cuando pocos sabían qué indicaba. La necesidad de reflexionar que el avión indicaba la temperatura del motor cuando la gente pasaba frío en sus casas.

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Me dio qué pensar. No lo dijo muy explícitamente, pero estoy seguro de que ese pensamiento transversal también tenía otro sentido. No basta con dar mucha información. No basta con soltar una retahíla de datos caóticos que nadie recordará. Hay que transmitir emociones. Podemos olvidar las cosas. Puedes olvidar lo que te dije ayer. Puedes olvidar lo que te enseñé. Pero no olvidarás cómo te hice sentir.

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Y para ello, para todo, para hacer las cosas bien, hay que sorprender, fascinar, intrigar, en cada momento, en cada instante. Emocionar. Eso es ser transversal. Es saber quitarse las orejeras —las de los caballos, no las de calentarse las orejas- y mirar a los lados. Porque no es lo mismo explicar el Segundo Principio de la Termodinámica enunciando que la variación de entropía del sistema es igual a la integral del diferencial de calor partido por la temperatura de la frontera, que diciendo que el desorden universal irá incrementando hasta alcanzar la muerte térmica del Universo. Cómo mezclar azúcar con sal.

He aquí un muy buen anuncio en que precisamente el “mirar hacia los lados” no nos conviene. Si no estamos haciendo de profes, supongo que sí conviene centrarnos:

Para cerrar este tema, me gustaría recalcar que eso de “hacer de profes” es continuo. Damos ejemplo con nuestros actos. El centrarnos al volante puede ser también un comportamiento transversal que pretenda mostrar a los niños cuál debe ser la actitud en esa situación. Por tanto, el único momento en que podemos dejar de hacer valoraciones globales es cuando estamos solos y nuestros actos no tienen ningún tipo de repercusión.

He dicho al principio que quería hacer algo poco común. ¡Pues a ello! Propongo un juego. A ver quién responde correctamente todas estas preguntas de culturilla general:

1. sen2(x)+cos2(x)=… a) 1.  b) -1.  c) 0.  d) Depende de x.

2. La canción dice: “Yo quiero ser una chica Almodóvar como…” a) Paris.  b) Miguel Bosé.  c) Cristiano Ronaldo.  d) Penélope.

3. ¿Qué hacen los comandantes en caso de secuestro del avión? a) Le dan al botón rojo bajo el cuadro de mandos.  b) Gritan “mayday” por radio.  c) Ponen el código 7700 en el transponder.  d) Pasan a utilizar el código ASCII.

4. La probabilidad de que salga un 6 en un dado equilibrado es de 1/6. Hemos tirado el dado. Sabiendo que no ha salido un 3, ¿cuál es la probabilidad de que haya salido un 6? a) 1/6.  b) 2/6.  c) 1/5.  d) 2/3.

5. ¿Cómo se transmiten los impulsos nerviosos? a) Variando las concentraciones de iones sodio y potasio en las neuronas.  b)Mediante corrientes eléctricas similares a los cables de la luz, pero de menor intensidad.  c)Mediante contracciones y expansiones de las neuronas.  d) A través de unas células mensajeras que viajan por los nervios.

¡Hagan juego! =)

Lo imposible

No. No voy a hacer una crítica de la aclamada película. Solamente quería hablar un poco sobre lo imposible. Primero, cabe comentar una forma de ver lo imposible: identificarlo con algo hiperbolizado, algo absurdamente superior. Hace relativamente poco —basta con irnos una década o dos atrás-, supongo que “era imposible” que pudieran existir ordenadores —y teléfonos, y videoconsolas, y tablets– tan rápidos y potentes como los de ahora. Esto me recuerda esa frase que se suele atribuir a Bill Gates —hay quien dice que erróneamente, hay quien no- y que resume un pensamiento colectivo de la época de los ochenta —más o menos-. Al fin y al cabo, ‘640k deberían ser suficientes para cualquiera’.

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Luego tenemos aquello que calificamos de imposible aunque no lo sea. Bueno, en realidad un poco sí. Imposible también es aquello extraordinariamente improbable. Improbable quiere decir, obviamente, que su probabilidad es muy baja. “Extraordinariamente” enfatiza el “muy”. Diría que es algo similar al épsilon matemático —o a un diferencial-, a ese número tan pequeño como uno quiera. ¿Qué quiero decir con esto? Pongamos un ejemplo. El hecho de que cuando yo enchufe el microondas, explote, es, en este sentido, imposible. Para poder decir que es extraordinariamente improbable hemos de saber cuál es su probabilidad y la experiencia nos dice que, partiendo de que es posible que explote, es algo que no sucede prácticamente nunca. Por tanto, es extraordinariamente improbable. Sin embargo, hace un tiempo discutía con dos personas sobre la transferencia de energía. Uno de ellos afirmaba que algún día la electricidad llegaría a nuestras casas sin necesidad de cables. Por ondas o algo así. El otro dijo que eso era imposible. ¿Imposible? ¿Quería decir extraordinariamente improbable? No, puesto que al predecir el futuro no tenemos ni idea de las probabilidades con que pueden tener lugar los sucesos. Este “imposible” encuadra mejor en nuestra primera categoría, en la de hipérboles —absurdas o no-, un “imposible” del que no tenemos ningún tipo de seguridad sobre su certeza.

Si llevamos un poco más al extremo este concepto basado en la probabilidad, que ya de por sí es exagerado, encontraremos en la naturaleza cosas cuya condición de imposible pocos cuestionarán. ¿Qué cosas? Que si dejamos caer un perro —mejor un globo lleno de agua, borrad el animalito e imagináos un globo- desde el Empire State e impacta contra el suelo, no sobrevivirá reventará. Y pocos dirán que es imposible que no lo haga. En cierto modo el arte nos permite disfrutar de este tercer tipo de imposible. Incluso ser partícipes de ello. ¿A qué me refiero con esto? Pues a que gracias a ciertas “personas” hacemos cosas imposibles. “Gente” que nos entretiene. “Gente” que nos divierte. “Gente” que nos hace reír. “Gente” que nos hace esforzarnos. “Gente” que no necesita carta de presentación:

-Mario aguanta todos los cabezazos que le demos contra los bloques de ladrillo. Además lanza caparazones de tortuga que deslizan infinitamente por el suelo que él mismo pisa, una superficie con rozamiento.

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-Sonic, el erizo, es capaz de correr a una velocidad supersónica, lo cual a nosotros nos… “desgarraría”.

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-Kirby absorbe todo lo que se interponga en su camino. Y se mantiene igual de pequeño y de rosa —¡violación de la conservación de la masa!-.

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-Pikachu genera energía como por arte de magia, lanzando rayos por doquier —¡burla a la conservación de la energía!-. Y, por ejemplo, cualquier Pokémon de agua escupe toda la que desee —¡otra vez con la conservación de la masa!-.

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Por último me gustaría comentar que hay ocasiones en que algo que nos parecía imposible se cumple y pasa a ser increíble. ¿Quién pensaría que hacer la compra de la semana nos pudiera costar miles de millones de euros? Pues alguna vez ha sucedido. Es una de las consecuencias de la hiperinflación, del excesivo aumento generalizado de los precios. Pero que aumente el precio de un bien o servicio no significa que este sea más valioso. Hemos de entender el precio como la relación de cambio por dinero. Entonces, el incremento de los precios representa una disminución del valor del dinero. Cuando esto pasa, los ahorradores son cada vez más pobres y los salarios cada vez dan para menos porque no suben a la par que los precios —en el caso histórico más extremo, 1946 en Hungría, se llegaron a pagar los sueldos cada cuatro horas, los precios se acabaron duplicando dos veces al día y en el punto crítico de la nefasta etapa de hiperinflación, esta fue del cuarenta y dos mil billones por ciento: los precios subieron un 41.900.000.000.000.000%, llegándose a imprimir un billete de mil trillones-. Estas situaciones nos dejan estampas como la de la siguiente imagen: “Solo papel higiénico. No usar dólares de Zimbabue”. Porque en ocasiones no es necesario ser asquerosamente rico para limpiarse el trasero con dinero =(

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Nota: podéis leer datos muy curiosos sobre los casos más importantes de hiperinflación a lo largo de la historia en http://fronterasblog.wordpress.com/2011/08/25/cuando-el-dinero-no-vale-ni-el-papel-en-el-que-esta-impreso-y-ii/ =)