Dios hizo sacar a Pandora una vela de su caja

¡Hola! Hace ya días —semanas- de la última entrada y ya era hora de sacudir las telarañas que cubrían el salero y de espantar a las hormigas que estaban robando —hurtando, mejor dicho- el azúcar.

El otro día, viendo una serie —Sin tetas no hay paraíso, la recomiendo aunque ya tiene unos años-, uno de los personajes dijo algo que nunca había oído: deus ex machina. Me gustó la frase. Es latín. El tipo y sus secuaces se encontraban en jaque, en una situación de la que no iban a poder salir de ninguna de las maneras. Sin embargo, de repente, como por arte de magia, entró en escena una personalidad importante que movió los hilos a fin de que pudieran llegar a buen puerto. Deus ex machina. Literalmente significa “Dios desde la máquina” —o al menos eso dice Wikipedia, que el latín no es mi punto fuerte-. Su origen se remonta al teatro grecorromano, donde, al llegar a un punto de la obra en que no había forma seguir adelante con la trama, hacía acto de presencia una deidad que reconducía la situación y la adaptaba a las exigencias del guión. Es por tanto un elemento literario que básicamente rompe la coherencia de la historia, cual asíntota vertical rompe la continuidad de una función, y nos deja con esta cara:

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Esto me recuerda a cómo se explicaban muchos de los fenómenos de la naturaleza en la antigüedad. En incontables ocasiones se han tratado de explicar mediante originales y hermosas historias de seres sobrenaturales —véase la mitología griega-, que igualmente pueden dejarnos con la misma cara que Jackie Chan; aunque a veces simplemente se identifica a una deidad con la causa del fenómeno y punto —no nos calentamos mucho la cabeza-. Prácticamente todas las culturas han dado una explicación “deus ex machina” al fuego: griega, romana, persa, celta, china, africana, maya, etc. Incluso algunas lo han divinizado. En la mitología griega encontramos una curiosa historia en la que la pelea por el fuego acaba dando lugar al mito de la caja de pandora. Prometeo era un titán amigo de los mortales, quien les enseñó a hacer sacrificios para los dioses. En cierta ocasión, tomó el pelo a Zeus, haciéndole elegir como sacrificio un recipiente lleno de huesos pero cubierto con suculenta grasa de buey en lugar de otro que contenía toda la carne tapada con asquerosas vísceras. Entonces Zeus desató su ira privando a los humanos del fuego. Pero al titán no le pareció justo y decidió tomar parte de la llama olímpica con una rama y devolvérsela a los humanos.

Esto enfureció aún más a Zeus y lo llevó a crear junto al resto de dioses a la primera mujer, Pandora, la que sería artífice de su plan, una bellísima joven a la cual todos otorgaron parte de sus atributos. Fue mandada con el objetivo de enamorar a Epimeteo, hermano de Prometeo, que guardaba en su casa un ánfora que contenía todos los males: enfermedades, pobreza, muerte, tristeza… Sin embargo, ni siquiera Epimeteo conocía esto. Solo sabía que nunca debería abrirla. Pandora acabó viviendo con su amado, y su don de la curiosidad, dado también por los dioses, hizo que no respetara las advertencias de no abrir el ánfora. De este modo, la chica desató los males que ahora persiguen a la humanidad. Abrió la Caja de Pandora.

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Estábamos hablando del fuego… Como no pude ver los episodios de Órbita Laika —genial programa de humor y ciencia de La 2- en directo, los estoy viendo desde su página web. Y esta semana vi uno en que hacían experimentos con una vela y explicaban toda la física que hay tras ella —nótese el uso de Órbita Laika deus ex machina para poder seguir hablando del fuego-. Para empezar, lejos de lo que se podría pensar, lo que se “quema” —el combustible- no es la mecha sino la cera vaporizada, que suele ser un éster. Es por ello que no podemos encender una vela tradicional instantáneamente acercando una llama a la mecha; hemos de esperar a que se evapore algo de cera para que se inicie la reacción de combustión. Con esto se puede crear un efecto increíble: encender una vela a distancia —¿magia?-. Si la apagamos y enseguida acercamos una cerilla o un mechero encendido, pero sin llegar a tocarla, también prenderá. Esto sucede porque aún queda cera flotando en el aire que reacciona al aportar calor con la cerilla y vuelve a desencadenar la combustión. Además, la llama se situará de nuevo sobre la vela puesto que es su fuente de combustible. No sé si me habré explicado bien, así que lo más fácil es verlo:

Para acabar, me gustaría dejaros una canción que he descubierto también estos días de ausencia y que me ha resultado motivadora. Where’s the good in goodbye? Where’s the nice in nice try? =)

Poetas del siglo XXI (II) – JFDB

Antes de nada, quiero destacar que he incluido una nueva página accesible desde el menú de cabecera. En ‘¿Quién escribe?’ he intentado ofrecer un poco de información personal sobre mí, esencialmente de cara a nuevas visitas, a aquellos que no me conozcan =)

Hoy, como ya adelanté, traigo la primera Entrevista con sal. El afortunado —o pobre mortal que le ha tocado sufrirme- es Juan Francisco Dávila Blázquez, licenciado en Economía por la Universidad del Pacífico, doctorando en Ciencias de la Gestión por ESADE y amante de la literatura. Sus versos se han publicado en la antología ‘Amor. Poesía amorosa contemporánea’, de la Editorial Cuadernos del Laberinto (Madrid, 2014). En esta ocasión, la entrevista ha sido muy libre y he decidido que dé rienda suelta a su imaginación proponiéndole un tema: continuar con la entrada “Poetas del siglo XXI” y comentar algo sobre una canción que me encanta. Os dejo con él. Espero que os guste =)

 

Para un observador reflexivo, las canciones modernas parecen haber reemplazado a las poesías de antes. Donde ayer se recitaba la Canción del Pirata, el Margarita está linda la mar, o los versos del Tenorio de Zorrilla, hoy nos conformamos con los versos de las canciones de Sabina, de Mecano o de la Oreja de Van Gogh. Es fácil llegar a conclusiones simples. Las canciones de hoy duran solo dos o tres minutos, el tiempo que toma declamar una poesía no muy corta. La melodía permite que las letras sean más fáciles de recordar. Y la proliferación de medios reproductores, desde los tocadiscos de los años setenta a los iPods, han hecho que cualquiera pueda escuchar una canción tantas veces como desee.

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Sin embargo, hay que hacer una precisión. Las poesías declamadas y las canciones ya coexistían durante mucho tiempo. A principios del siglo XX Rubén Darío publicaba su Cantos de Vida y Esperanza, Juan Ramón Jiménez empezaba su carrera literaria… y los gramófonos se vendían desde fines del siglo anterior. Canciones infantiles como Mambrú se fue a la guerra se cantaban desde el siglo XVIII. De modo que no se puede hablar de un reemplazo. Sí, de un declive de la poesía y un auge, al mismo tiempo, de las canciones con letra.

¿Y por qué se produce este auge de las canciones? Curiosamente, coincide con una tendencia de la poesía durante el siglo XX: el abandono de la métrica y de la rima. Durante siglos la poesía se usó para contar las historias, desde los poemas homéricos hasta el Cantar del Mío Cid. En sociedades de gente iletrada y con escasos libros, las rimas permitían memorizar fácilmente y transmitir más fielmente los contenidos. Con la invención de la imprenta, la rima ya no fue necesaria para conservar la historia, pero el verso se siguió usando para crear belleza, en poemas y en obras teatrales.

Pero a partir del siglo XX, muchos poetas renuncian a la métrica y la rima. Si uno lee hoy un libro de poesía española contemporánea, o los ganadores de un concurso como los Premios del Tren, verá que la mayoría de los poemas prescinden de la métrica y de la rima –algunos conservan solo la métrica– y optan por el verso libre. Robert Frost decía que escribir versos libres es como jugar al tenis con la red en el suelo. Adiós al esfuerzo para buscar rimas, para constreñir el mensaje a una forma dada. Cada poeta tiene sus motivos para elegir el verso libre. Que permite huir del sonsonete. Que da más libertad en la expresión de los conceptos. O simplemente, que la mayoría de los jurados y los críticos de hoy desprecian la rima, y hay que complacerlos para labrar una carrera literaria.

Pero al prescindir de la rima, la poesía contemporánea se ha alejado del gran público. Porque lo que hacía atractiva a la poesía era, precisamente, la musicalidad, el ritmo, la sensación de belleza que producían las palabras rimadas. Lo que permitía que la gente recordara las composiciones poéticas era esa misma rima. Así, nuestras abuelas memorizaban y repetían con deleite las rimas asonantes de Bécquer y los tetrasílabos de Espronceda. Intente alguien memorizar y repetir con deleite alguna poesía contemporánea de cierta extensión, y verá que es imposible.

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Y así, la métrica y la rima se han refugiado en las canciones. Ahí la métrica es fundamental, pues la melodía exige un número dado de sílabas, y compositores como Sabina saben que la rima permite que la canción suene mejor y sea más fácil de recordar –quizás porque los compositores, a diferencia de los poetas, lidian directamente con el mercado y sus exigencias–. Y la gente encuentra ahora la belleza en las canciones, que a la poesía de las letras añade la armonía de la música.

Sabina, por ejemplo, en El rocanrol de los idiotas, usa versos endecasílabos agudos –con acento en la última sílaba– alternados con hexasílabos, figuras literarias como la metáfora (porque quiso el cielo / bautizar el suelo), contraposiciones algo barrocas (yo no jugaba para no perder / tú hacías trampas para no ganar) y rimas internas (y tus marchitos zapatitos de tacón / y mi futuro con pan duro), es decir, rimas entre palabras de un mismo verso, que aumentan la musicalidad, un recurso que usó por ejemplo Edgar Allan Poe en su poema en inglés El Cuervo. Es interesante imaginar, por un momento, qué hubiera pasado si Joaquín Sabina solo se hubiera dedicado a escribir versos y no a componer canciones, si habría alcanzado la fama que tiene ahora, y si los jurados de los concursos literarios habrían juzgado favorablemente sus composiciones.

Historias de ciencias y de letras

Hoy tenemos tres curiosas historias que narrar. Porque al fin y al cabo, cuando algo termina, tal y como decía Pasqual Alapont en Fi de culs a Mallolca, lo más importante es tener una historia que contar.

En primer lugar tenemos al amoníaco. NH3. Esta sustancia fue descubierta a principios de siglo XX por el alemán Fritz Haber –el del ciclo de Born-Haber-, suponiendo una verdadera revolución, ya que permitía sintetizar abono para cultivos. Este hecho facilitó la independencia agrícola de Alemania durante la Primera Guerra Mundial, cuando los aliados bloquearon el suministro de nitratos orgánicos. Pero pronto se descubrió que el amoníaco no solo era útil para aumentar la población alemana sino también para disminuir la enemiga. Apareció entonces el trinitrotolueno, TNT, con el amoníaco como uno de los reactivos necesarios para su formación.

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La historia de Haber puede parecerse a la de Einstein, ya que sus avances en física nuclear fueron empleados para producir bombas atómicas aunque el señor UnaPiedra se arrepintiera de ello. Sin embargo, Fritz Haber nunca se arrepintió de sus progresos e incluso impulsó la guerra química con sustancias como el gas dicloro y otros gases letales. Además, produjo el Zyklon A y B, insecticida utilizado por los nazis en los campos de concentración. Ante las críticas por la crueldad y el terror intrínsecos a estas prácticas, el padre de la guerra química solo se defendió y nunca vio con malos ojos su trabajo: “la muerte es la muerte, por cualquier medio que se inflija” y “en tiempo de paz, un científico pertenece al mundo, pero en tiempo de guerra pertenece a su país”. Por último, cabe destacar que con la subida de Hitler al poder, ni Haber se salvó, y murió de un ataque cardíaco en Basilea, tras abandonar Alemania, sintiéndose completamente rechazado por su amada nación.

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La primera de las historias de letras es, literalmente, la historia de una letra. De la letra Ñ. Ñ de amañado, carroña y Zúñiga –el del archiconocido rodillazo a Neymar en la espalda, que ha hecho más daño al mundo que todos los litros de petróleo que han ennegrecido el cielo de Brasil siendo empleados para la construcción de esas infraestructuras tan resistentes, como hemos podido apreciar en el derrumbamiento del viaducto de Belo Horizonte-. El nacimiento de la Ñ tuvo lugar en monasterios e imprentas, donde se tendía a economizar en tinta y trabajo. De este modo, la secuencia nn se sustituyó por una diminuta n encima de otra, es decir, por una ñ. Su historia es similar a la de la W, ya que esta también procede de una duplicación de una letra –en su caso, la V-.

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La última curiosidad es qué significa la abreviatura e. g., utilizada sobre todo en textos ingleses. La mayoría sabe que equivale a la construcción castellana p. e., abreviatura de por ejemplo. Esto lleva a muchos a pensar que lo otro significa example given. Pero nada más lejos de la realidad. Su significado es realmente más bonito que ese: procede del latín exempli gratia, traducido a lo bestia como “ejemplo gratis”.

Como vemos, tanto los descubrimientos científicos como la evolución de las lenguas poseen historias increíbles y que merecen la pena conocer, e. g. el amoníaco o la letra Ñ =)

Arte (II): pintura actual

Como dijimos, pintura, escultura y arquitectura son las disciplinas artísticas que más fácilmente se nos vienen a la cabeza. Centrémonos hoy en la primera. Desde aquellas primitivas pinturas rupestres de mamuts, búfalos y cazadores, hasta el Ecce Homo de Cecilia, pasando por los lienzos de Velázquez o la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, la pintura ha sufrido una notable evolución. Atendemos a una ingente variedad de técnicas –recordad por ejemplo cuando de pequeños pintábamos de arcoiris con ceras blandas el papel y lo recubríamos todo con cera negra, dibujando después con un palillo y dejando brotar los colores-. Además, los motivos para iniciar una obra son de lo más diversos: retratos, expresión de los sentimientos –el llamado arte moderno-, religión, imágenes para libros, videojuegos…

Hoy en día, me atrevería a decir que la técnica más empleada es el ordenador –cómo no-. Y puede que uno de los objetivos más usuales sea la creación de imágenes para videojuegos –o películas, o aplicaciones-. Veamos un ejemplo de ello en el fenómeno de masas más actual: League of Legends.

Y, bueno, esta entrada es en realidad una excusa para poder compartir algo increíblemente maravilloso. Se trata de un dibujo de Morgan Freeman. Bueno, dibujo… O fotografía tomada con cámara de última generación =)

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¿Qué es el arte? No, no es morirte de frío. El arte es… ¿Pintura? ¿Escultura? ¿Arquitectura? Tal vez eso sea lo primero que se nos venga a la cabeza, pero nada más lejos de la realidad. Según la RAE: manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. De modo que no solo es pintura, escultura y arquitectura. Es también, por ejemplo, según nos explicaron los chicos de Penique Productions hace un par de meses, el “redecorar” la arquitectura con una superficie plástica –vamos, inflar un globo enorme y meterse dentro-:

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Sea más bonito o más desagradable, más enriquecedor o más absurdo, al menos me parece original –dentro de mi ignorancia-. Otro colectivo que también me ha sorprendido, no por su técnica sino por la manera en que la han sabido explotar es Lichtfaktor. Su arte consiste pintar con la luz –algo que muchos ya conocíamos– aunque de una forma realmente maravillosa.

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Ah, y no puedo dejar de mencionar a Jack Long, el fotógrafo que crea sensacionales esculturas absolutamente efímeras con líquidos suspendidos en el aire:

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Y bueno, de una forma más amplia, podemos entender que el arte no es solo eso. El otro día volví a escuchar aquello de que lo importante es el interior y que la apariencia no importa. Mentira. Mentira como una catedral. Dejemos nuestra hipocresía de lado y admitamos que, en la mayor parte de los ámbitos de nuestra vida –o incluso en todos-, la estética es importante –o incluso fundamental-. La conversación de la que hablo surgió a raíz de un menú de bar escrito en una pizarra a la entrada. La pizarra estaba sucia. Había alguna falta de ortografía. El tamaño de las letras era variable y su disposición, caótica. ¿Realmente eso no importa?  He llegado a ver verdaderas obras de arte en esas pizarritas de restaurante. Que sí, que la comida que sirvan es lo más importante. Por supuesto. Pero también ayuda una buena presentación del plato, un camarero educado y eficiente,  una mesa limpia… Y una pizarrita bien preparada.

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Esto es como en la magia –que es junto a la pintura, la escultura y la arquitectura, otra genial manifestación artística-. Por un lado tenemos la ejecución del número, aquello que consigue crear un efecto increíble, lejos de la razón humana. Y por otra parte está la presentación, la puesta en escena, aquello que convierte ese prodigio en algo bello, emocionante, tierno, sobrecogedor o hasta cómico. Pues es necesario un equilibrio entre la ejecución y la presentación, la estética de la magia.

Y no nos desviemos del tema, el arte… No es solo “contemplar algo bonito”. Es también imaginar –la literatura-. Es también fascinar –la magia-. Es también hacer reír –la comedia-. Es también sorprender –la publicidad-. Es también poder explicar el mundo –la ciencia-. Es también hacer que todo cuadre –las matemáticas, como decían en Una mente maravillosa-. Es también emocionar:

Propongo a partir de ahora convertirnos en artistas para dar lo mejor de nosotros mismos a cada instante, en cada situación. Porque la historia no hace a los héroes. Los héroes hacen historia =)

Poetas del siglo XXI

Corre dijo la tortuga, atrévete dijo el cobarde, estoy de vuelta dijo un tipo que nunca fue a ninguna parte, y esto lo dijo Sabina. Y también hablaba de la princesa de la boca de fresa aunque no con el mismo sentimiento que Rubén Darío.

Hoy por hoy es como si la lírica hubiera caído en el ostracismo social –al menos creo que así es para muchos de nosotros-. Como si la poesía fuera algo que nació, vivió y murió hace tiempo. En un pasado remoto. ¿Quién se acuerda ahora de las neolíticas PDAs? Nadie. Pero no pasa nada, han sido brillantemente sustituidas por los omnipresentes smartphones. Ahora tenemos en el teléfono móvil todo lo que teníamos en una PDA –y en una videoconsola, y en una calculadora, y en un ordenador…-. ¿A dónde quiero llegar? Bueno, pues es que tal vez hayamos sustituido en parte, sin querer, la poesía como la conocíamos por la música. Canciones como poemas 2.0. Poemas directamente musicados. En definitiva, puede que dentro de unos años –e incluso ya mismo- los chavales estudien en el cole a estos autores que ahora nos divierten, nos emocionan, nos hacen reír, nos hacen sentirnos comprendidos, nos hacen pensar y nos acompañan con su música. Poetas del siglo XXI.

Tengo un reloj que se para siempre que tú de mí te separas. Y anoche se paró a las dos. Las dos nos separó a los dos. Y ya no hay tiempo que transcurra ni sudor que se me escurra por tu cuerpo. –Estopa-

Tan fuerte que yo ya no sé si por azar o por suerte soy el novio de la muerte que se esconde en tu sonrisa. Tengo prisa ya por verte, por tenerte entre mis brazos, porque cuando tú estás lejos no me late el corazón. –Melendi-

Solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente. Solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente. Es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente. –León Gieco-

Pero nada decía el diario de hoy de este eclipse de mar, de este salto mortal, de tu voz tiritando en la cinta del contestador, de las marcas que deja el olvido a través del colchón, del otoño como una amenaza, del dolor de encontrar en las tazas tus huellas de carmín. –Joaquín Sabina-

El horizonte subraya aquello que quiero ser mientras naufrago en la playa bañada por el ayer. Lanzo la botella que no mermó mi sed eterna, solo responden a mi auxilio cantos de sirena. –Pablo Hasél-

La existencia es un orfanato que nos adopta para luego abandonarnos como la más cruel pasota. Lo siento si en mi pecho no laten fiestas de disfraces. A veces me hundí queriendo por miedo a volar alto. –Pablo Hasél-

Por último, os dejo dos vídeos musicales –encima de poesía y música, imágenes: sensacional- que me encantan. El primero es “Ojalá”, de Silvio Rodríguez, cantautor cubano. La historia de esta canción es un tanto dudosa: hay quien dice que va dirigida a Fidel Castro, otros que es para Pinochet –Silvio vivió de cerca los regímenes de ambos- y otros que simplemente contiene mensajes para inspirar, pero parece ser que el propio autor aseguró que se trata de una historia amor frustrado. De su primer amor.

Y esta segunda canción también tiene que ver con el amor. “Jueves”, de La Oreja de Van Gogh, está protagonizada por una chica que encuentra el amor en un tren. En el tren en que viajaba cada día. En el chico que se sentaba frente a ella. Un jueves. Un 11-M.

Espero que hayáis disfrutado esta breve recopilación de autores =)

 

 

El cuarto de hora mágico

Una vez oí una historia en la radio. Era de noche. Tarde. Y yo me debatía entre la vida y el sueño. La emisora estaba dando un programa de deportes. No recuerdo quién hablaba. Ni siquiera recuerdo qué programa fue. Pero alcancé a escuchar una historia real que helaba la sangre. Voy a tratar de narrarla sin saber hasta qué punto la realidad se mezcla con mi ficción.

En un pueblo italiano, al pie de la montaña… Situémonos en el Piamonte. Corrían tiempos oscuros, medio mundo era azotado por la II Guerra Mundial y Turín era una humilde población de campesinos con un pequeño equipo de fútbol. La squadra no era gran cosa. Nadie esperaba que lo fuera. Constituía simplemente el ocio de un grupo de familias que vivían en la órbita del club. Competían oficialmente, pero sin grandes aspiraciones. Just for fun. Ni siquiera tenían entrenador. Eran una serie de trabajadores de la tierra que disfrutaban evadiéndose de la realidad a su manera. Pateando el balón. O tratando de patearlo, porque nunca ganaron nada hasta aquel místico día.

Cuenta la leyenda que, tras una espectacular fase clasificatoria, los turinenses consiguieron llegar hasta la eliminatoria contra uno de los grandes. Torino-Milán. Era un mero trámite para los milaneses. Todo el pueblo acudió a la cita histórica para ellos. Y poco a poco, a medida que el Milán desplegaba su juego y su dominio iba in crescendo, la emoción se fue disipando y arrastrando con ella la esperanza en la victoria. A quince minutos del final el 0-3 ya había enmudecido el estadio. En ese instante, un aficionado sin nombre, cuya ilusión daba sus últimos coletazos, se alzó y comenzó un enérgico cántico de apoyo al conjunto herido, ayudado por su bombo. Tal fue su presión, que logró poner en pie a su pueblo y convertir a sus hermanos jugadores en inmortales. Y, milagrosamente, el fénix resurgió de sus cenizas y fue capaz de derrotar a sus enemigos con un 4-3 que les daba todo el derecho a disputar la siguiente fase.

Aquellos hombres hicieron historia ese día. Y los venideros. Dejaron atrás eso de ser un equipito para pasar a ser el Torino. Verlos era algo realmente maravilloso. Era como si siguieran la estrategia de aquel líder que marcaba el inicio del cuarto de hora mágico. Porque cada vez que sonaba aquella melodía, el Toro hacía caer a los gigantes. Fiorentina. Internazionale. Nápoles. Todos y cada uno de ellos sucumbieron ante la furia de aquellos campesinos que dejaban cada día la tierra para pasar a ser un equipo.

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Y pasaron los años. Y el Torino acumuló en sus vitrinas cinco campeonatos italianos consecutivos. Todos ellos ganados en 15 minutos. 15 minutos de ensueño.

Tras obtener su último trofeo, el equipo fue invitado para disputar un partido benéfico en Portugal. El resultado no fue lo más relevante. A la vuelta, algo sucedió en el avión para que acabara impactando contra la basílica de Turín. Un fatal envite del destino tiñó la ciudad y el país de rojo. De sangre labradora. Falleció todo el equipo. Casi todo el equipo. Uno de los más jóvenes sufría una lesión en la rodilla y afortunadamente no pudo viajar a Lisboa a disputar aquel bonito encuentro. No fue el único que salvó la vida. También lo hizo un hombre que no tenía medios para acompañar al resto del grupo. Un hombre sin nombre que murió en vida. Junto a su bombo. Un hombre que dio la vida al toro y que ahora veía a sus héroes, a sus compañeros, a sus hermanos, faltos de existencia.

Sin embargo, la llamada tragedia de Superga no aniquiló el espíritu del toro. Los jóvenes de la ciudad, hijos de los fallecidos, le echaron un pulso al dolor, tomaron el relevo y sucedieron al Torino haciéndose llamar la juventud de Turín. La Juventus de Turín.

Dedicado al Tori =)