Un tiempo a régimen

Llegan los días eternos y las noches fugaces, el calor y el aire acondicionado, la playa y la piscina… Y los exámenes. Llegan los exámenes. Malditos exámenes. Y habrá que sacrificar todo aquello —excepto el calor, que nos sigue a todos lados cual alma condenada a vagar por este mundo para toda la eternidad- para estar a tope cuando lleguen. También tendré que darle unos días a Azúcar con Sal. Pero que no cunda el pánico, que muy pronto volverá —en un mes, aproximadamente-.

Hoy he visto el nuevo programa de Risto. Y, tal y como él mismo ha dicho, siempre que desees ganar una cosa, tendrás que perder otra. Pero lo importante es saber ganar sin perderse a uno mismo. Así que durante estos exámenes dejaré, muy a mi pesar, de escribir, pero no me perderé. Volveré. Volveré con gran variedad de temas que estoy preparando: reflexiones, experiencias, aspectos sociales, nuevos deportes, curiosidades de la mecánica de fluidos, materiales del futuro, un proyecto de relatividad especial que estoy preparando, otras Entrevistas con sal y muchas sorpresas más.

Y para aprovechar la entrada, os dejo un vídeo que encontré hace poco y que me ha parecido realmente bonito. Hope you like it! =)

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Física variada (I): gorrión frito, aire más pesado que el aire y aerogeles

Hoy os he querido traer un poco de todo: teoría de circuitos, mecánica de fluidos, ciencia de materiales… Y es que últimamente he descubierto —o redescubierto- algunas cosas que no son demasiado complejas ni difíciles de explicar pero cuyos efectos son más que sorprendentes. Me guardaré algunas para otra entrada, así no os atosigo. Vamos allá con la primera.

Empecemos con algo que oí en Órbita Laika —voy a basarme en las ideas que expusieron ellos-. ¿Por qué los pájaros —desde gorriones hasta avestruces, aunque típicamente más de lo primero- se posan en los cables de alta tensión —o alta traición, como contaba Gila- sin electrocutarse? La respuesta es sencilla. El principio físico que lo explica es que, cuando tenemos un circuito eléctrico con dos ramas en paralelo, circulará más intensidad de corriente por aquella que menos resistencia ofrezca. De este modo, al colocarse un pájaro —o cualquier otro animal, incluso alguno de nosotros colgado- en un cable por el que circula una corriente, ofrece a los portadores de carga que viajan por él dos vías: el cable, optimizado para suponer una resistencia lo más baja posible, y el animalillo, optimizado para lo contrario que se opone mucho más al paso de los electrones. La corriente “elige” en este caso continuar por el cable y aquí paz y después gloria. Entonces, ¿por qué si tocamos un cable nos podemos electrocutar? El caso es que hemos estado hablando de un pájaro que toca con ambas patas el mismo conductor. Si nosotros tocamos dos cables, seremos un “atajo” para la corriente, que nos atravesará para pasar de uno a otro. Si únicamente estamos en contacto con uno, pero no estamos flotando en el aire —lo típico- haremos de toma de tierra y tampoco saldremos bien parados… Todo esto me ha recordado a un simpático corto de Pixar. ¡Ahí va!

Es curioso lo que internet hace con nosotros… El otro día estaba estudiando los motores alternativos de combustión interna y me sorprendí a mí mismo leyendo el artículo de Wikipedia de Big Foot, con varias pestañas del navegador abiertas, entre las cuales había información también sobre los últimos avistamientos del monstruo del Lago Ness. También estaba YouTube abierto. Con este vídeo:

¿Qué está sucediendo ahí? Supongo que lo habréis adivinado. De la bombona se está dejando salir un gas que es incoloro, al igual que el aire, pero más pesado. Tenemos muy asumido que unos sólidos pesan más que otros. Y que del mismo modo sucede con los líquidos —véase la imagen de las capas de colores de abajo-. Pues bien, en los gases también, valga la redundancia.Unos pesan más que otros. Sin embargo, no estamos acostumbrados —al menos yo- a ver gases incoloros más pesados que el aire. Y es lo que tenemos en el vídeo: hexafluoruro de azufre. El misterioso y bonito efecto de la caja de aluminio que flota se consigue haciendo con este gas lo mismo que haríamos para que flotara en agua, por ejemplo. Si colocamos el ligero recipiente boca abajo, lleno de aire, flotará —podemos demostrarlo aplicando principios de fluidostática o simplemente intuición-; pero si lo “vaciamos” de aire —es decir, si lo llenamos del fluido denso- se hundirá, ya que el aluminio es más denso que dicho fluido —aquí la analogía con el agua no es tan buena porque en ese caso, para ciertas orientaciones espaciales de la caja de aluminio, podría flotar por efectos de la tensión superficial generada en la interfase líquido-gas, la cual permite que objetos más densos que el agua pero de muy reducidas dimensiones, tales como una aguja, puedan flotar-. Todos hemos experimentado esto alguna vez jugando con un cubo —o similar- en la piscina. Si cambiáramos el agua de nuestras piscinas por hexafluoruro de azufre podríamos jugar con “aire” más pesado que el aire.

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Por último, quiero mostraros algo que realmente me ha costado creer: un material más ligero que el aire. Hablo de los aerogeles, más concretamente del aerogel de grafeno, el más nuevo de ellos, una espuma basada en nanotubos de carbono congelados en seco y láminas de óxido de grafeno, a las cuales se les quita el oxígeno con un proceso químico. Descubierto en 2013 por un equipo de investigadores de la Universidad de Zhejiang (China) liderado por Chao Gao, del departamento de nanopolímeros, es el material más ligero del que disponemos, con una densidad de… *redoble de tambores* ¡0,16 mg/cm3! Si tenemos en cuenta que la del aire a presión y temperatura ambientes es de aproximadamente 1,2 mg/cm3, nos daremos cuenta fácilmente de que este material debería flotar en el aire. Intentaría constantemente escaparse hacia arriba. Es por eso por lo que me parecía tan increíble. Estuve investigando un buen rato por blogs y webs independientes, e incluso periódicos de gran tirada, y en todos lados encontraba exactamente la misma información en forma divulgativa —en algunos incluso ponía literalmente lo mismo-. De este modo, pensé que tal vez alguien filtró un bulo o tuvo un error al dar el dato de la densidad y ya todos lo pusieron mal. Pero no. Busqué el artículo original de los investigadores en la revista Nature y parece ser que es cierto —os dejo un par de enlaces al final de la entrada-.

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La densidad del aerogel de grafeno es 0,16 mg/cm3. Entonces, siendo esto cierto, ¿no debería escaparse volando como yo pensaba? Pues resulta que no, ya que los aerogeles son materiales increíblemente porosos y este concretamente posee una porosidad del ~99,9%, con lo cual su estructura está “rellena” de aire y ello hace que su densidad sea prácticamente igual a la del resto del aire del lugar. Eso sí, cualquier brisa o corriente puede hacer que salga volando. Pudiera parecernos por todo esto que comentamos que los aerogeles son materiales débiles, pero nada más lejos de la realidad: poseen estructuras resistentes —hablar detalladamente de sus propiedades daría para otras ’n’ entradas, con ’n’ tendiendo a infinito- que nos permiten soñar con acariciar las nubes con las manos =)

Nota: eso último no era del todo literal =)

http://www.nature.com/nature/journal/v494/n7438/pdf/494404a.pdf

http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/adma.201204576/epdf

Dios hizo sacar a Pandora una vela de su caja

¡Hola! Hace ya días —semanas- de la última entrada y ya era hora de sacudir las telarañas que cubrían el salero y de espantar a las hormigas que estaban robando —hurtando, mejor dicho- el azúcar.

El otro día, viendo una serie —Sin tetas no hay paraíso, la recomiendo aunque ya tiene unos años-, uno de los personajes dijo algo que nunca había oído: deus ex machina. Me gustó la frase. Es latín. El tipo y sus secuaces se encontraban en jaque, en una situación de la que no iban a poder salir de ninguna de las maneras. Sin embargo, de repente, como por arte de magia, entró en escena una personalidad importante que movió los hilos a fin de que pudieran llegar a buen puerto. Deus ex machina. Literalmente significa “Dios desde la máquina” —o al menos eso dice Wikipedia, que el latín no es mi punto fuerte-. Su origen se remonta al teatro grecorromano, donde, al llegar a un punto de la obra en que no había forma seguir adelante con la trama, hacía acto de presencia una deidad que reconducía la situación y la adaptaba a las exigencias del guión. Es por tanto un elemento literario que básicamente rompe la coherencia de la historia, cual asíntota vertical rompe la continuidad de una función, y nos deja con esta cara:

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Esto me recuerda a cómo se explicaban muchos de los fenómenos de la naturaleza en la antigüedad. En incontables ocasiones se han tratado de explicar mediante originales y hermosas historias de seres sobrenaturales —véase la mitología griega-, que igualmente pueden dejarnos con la misma cara que Jackie Chan; aunque a veces simplemente se identifica a una deidad con la causa del fenómeno y punto —no nos calentamos mucho la cabeza-. Prácticamente todas las culturas han dado una explicación “deus ex machina” al fuego: griega, romana, persa, celta, china, africana, maya, etc. Incluso algunas lo han divinizado. En la mitología griega encontramos una curiosa historia en la que la pelea por el fuego acaba dando lugar al mito de la caja de pandora. Prometeo era un titán amigo de los mortales, quien les enseñó a hacer sacrificios para los dioses. En cierta ocasión, tomó el pelo a Zeus, haciéndole elegir como sacrificio un recipiente lleno de huesos pero cubierto con suculenta grasa de buey en lugar de otro que contenía toda la carne tapada con asquerosas vísceras. Entonces Zeus desató su ira privando a los humanos del fuego. Pero al titán no le pareció justo y decidió tomar parte de la llama olímpica con una rama y devolvérsela a los humanos.

Esto enfureció aún más a Zeus y lo llevó a crear junto al resto de dioses a la primera mujer, Pandora, la que sería artífice de su plan, una bellísima joven a la cual todos otorgaron parte de sus atributos. Fue mandada con el objetivo de enamorar a Epimeteo, hermano de Prometeo, que guardaba en su casa un ánfora que contenía todos los males: enfermedades, pobreza, muerte, tristeza… Sin embargo, ni siquiera Epimeteo conocía esto. Solo sabía que nunca debería abrirla. Pandora acabó viviendo con su amado, y su don de la curiosidad, dado también por los dioses, hizo que no respetara las advertencias de no abrir el ánfora. De este modo, la chica desató los males que ahora persiguen a la humanidad. Abrió la Caja de Pandora.

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Estábamos hablando del fuego… Como no pude ver los episodios de Órbita Laika —genial programa de humor y ciencia de La 2- en directo, los estoy viendo desde su página web. Y esta semana vi uno en que hacían experimentos con una vela y explicaban toda la física que hay tras ella —nótese el uso de Órbita Laika deus ex machina para poder seguir hablando del fuego-. Para empezar, lejos de lo que se podría pensar, lo que se “quema” —el combustible- no es la mecha sino la cera vaporizada, que suele ser un éster. Es por ello que no podemos encender una vela tradicional instantáneamente acercando una llama a la mecha; hemos de esperar a que se evapore algo de cera para que se inicie la reacción de combustión. Con esto se puede crear un efecto increíble: encender una vela a distancia —¿magia?-. Si la apagamos y enseguida acercamos una cerilla o un mechero encendido, pero sin llegar a tocarla, también prenderá. Esto sucede porque aún queda cera flotando en el aire que reacciona al aportar calor con la cerilla y vuelve a desencadenar la combustión. Además, la llama se situará de nuevo sobre la vela puesto que es su fuente de combustible. No sé si me habré explicado bien, así que lo más fácil es verlo:

Para acabar, me gustaría dejaros una canción que he descubierto también estos días de ausencia y que me ha resultado motivadora. Where’s the good in goodbye? Where’s the nice in nice try? =)

Fenómenos virales

A veces internet se convierte en una jaula de grillos. Infinidad de personas —pongamos n>>>1, aproximadamente- deambulan cada día por las redes y todos dejan su granito de arena. Hay quién deja su terrón: que si el presidente de no-se-qué ha dicho tal cosa, que si tal futbolista ahora se ha hecho amigo de este otro, que si aquella compañía ha hecho un posible guiño a un nuevo producto que está desarrollando, etcétera, etcétera y más etcétera. Sin embargo, en ocasiones, hacemos una montaña de un grano de arena, ¿o no?

Fe1¿Reconocéis este vestido? Seguro que sí. Algunos dicen que lo ven blanco y dorado, otros azul y negro. En unos pocos días —e incluso en unas pocas horas- llegó a casi todos los rincones del mundo. Primero, inocentemente, invadió Twitter. Después llegó a aparecer en televisión —incluso la diseñadora fue entrevistada en la CNN, si no recuerdo mal- y en diarios —al menos en versiones digitales-, llegando a convertirse en el icono de una campaña publicitaria contra la violencia de género de Sudáfrica. Era una ilusión óptica muy curiosa —ya que no estaba preconcebida sino que surgió al hacer una foto normal- que se acabó convirtiendo en algo increíble. Completamente viral.

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¿Y a quién no le suena la frase “la que has liao pollito”? Este año pasado también irrumpió en Youtube y en Whatsapp el vídeo de esta niña pequeña que discute con su pollito. En ocasiones, lo viral puede llegar a serlo gracias a su componente gracioso.

Otro ejemplo sería el archifamoso Ice bucket challenge que se propagó por todo el globo el verano pasado. Vemos que también una buena causa puede convertirse en “pandémica”. El objetivo de esta campaña fue recaudar dinero para la lucha contra la ELA —esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que padece, entre otros, Stephen Hawking-, pero ¿por qué había que tirarse un cubo de agua muy fría por encima? La idea era sufrir en nuestras propias carnes durante un instante la sensación que padecen los enfermos de ELA. Una idea sencillamente genial que se convirtió en viral.

El sueño de cualquiera que comparta cosas —textos, tuits, dibujos, fotografías, vídeos, música, etc.- en internet es conseguir generar un fenómeno de este tipo y que en un ∆t lo suficientemente pequeño —del orden de un día- sus creaciones, ideas o reflexiones se conviertan en el tema de moda a gran escala. Aún más si hay intereses económicos de por medio. Una vez me sucedió algo de este estilo con Azúcar con sal. Si bien no se convirtió en ‘trending topic’ mundial ni siquiera nacional, hubo una ocasión en que las visitas se vieron aumentadas en un 500%. ¿Por qué? Bueno, pues la cosa es que la mayoría de los lectores abrían esencialmente una entrada: Cosas que pasan en un avión. Normalmente los artículos reciben pocas visitas puesto que se pueden leer desde la página de inicio. Por tanto, la mayoría de los visitantes lee entradas desde ese mismo sitio. Para hacernos una idea de lo que ocurrió con Cosas que pasan en un avión, comparémosla con otra entrada aleatoria, por ejemplo, Preguntas que no se preguntan: esta se publicó en septiembre de 2013 y a día de hoy ha recibido 183 visitas —aunque ha sido leída muchas más veces desde la página principal-, mientras que la del avión también fue publicada ese mismo mes y hasta 2014 estaba siendo menos popular que la anterior, sin embargo, en los meses de marzo y abril de 2014 recibió 1.941 visitas. ¿Y por qué? Por aquel entonces (8 de marzo de 2014) fue cuando desapareció el avión del vuelo 370 Malaysia Airlines, que a día de hoy aún no ha sido hallado. De este modo, muchos de los curiosos que merodeaban por la red en busca de posibles teorías conspirativas, pistas, información o explicaciones del suceso, llegaron a Cosas que pasan en un avión. Y es por ello que esta entrada batió todos los récords de visitas hasta el momento de forma completamente inesperada.

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Y bien, ¿cuál es la clave de estos fenómenos virales? Pues si lo supiera, Azúcar con sal colapsaría ante una avalancha de visitantes. Si alguien lo supiera probablemente se convertiría en una de las mentes más importantes y codiciadas del mundo. Es algo totalmente aleatorio y caótico. Habiendo cientos —o miles… mejor pongamos n>>>1- de ilusiones ópticas, vídeos de nenes graciosos y campañas de beneficencia circulando por internet, ¿por qué se hicieron tan famosos el vestido, el pollito y el cubo de agua? Sería muy interesante estudiar este tema en profundidad. Y muy útil. Aunque también podría ser un arma de doble filo, dando la oportunidad a quienes descubrieran sus secretos de entrar en la mente de millones de personas. Como dijo Spiderman, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. ¿Qué pensáis? En fin, deseando que esta entrada llegue al Olimpo de la viralidad, os dejo una divertida actuación con toallas:

Por cierto, el vestido es azul y negro, obviamente =)

Poetas del siglo XXI (II) – JFDB

Antes de nada, quiero destacar que he incluido una nueva página accesible desde el menú de cabecera. En ‘¿Quién escribe?’ he intentado ofrecer un poco de información personal sobre mí, esencialmente de cara a nuevas visitas, a aquellos que no me conozcan =)

Hoy, como ya adelanté, traigo la primera Entrevista con sal. El afortunado —o pobre mortal que le ha tocado sufrirme- es Juan Francisco Dávila Blázquez, licenciado en Economía por la Universidad del Pacífico, doctorando en Ciencias de la Gestión por ESADE y amante de la literatura. Sus versos se han publicado en la antología ‘Amor. Poesía amorosa contemporánea’, de la Editorial Cuadernos del Laberinto (Madrid, 2014). En esta ocasión, la entrevista ha sido muy libre y he decidido que dé rienda suelta a su imaginación proponiéndole un tema: continuar con la entrada “Poetas del siglo XXI” y comentar algo sobre una canción que me encanta. Os dejo con él. Espero que os guste =)

 

Para un observador reflexivo, las canciones modernas parecen haber reemplazado a las poesías de antes. Donde ayer se recitaba la Canción del Pirata, el Margarita está linda la mar, o los versos del Tenorio de Zorrilla, hoy nos conformamos con los versos de las canciones de Sabina, de Mecano o de la Oreja de Van Gogh. Es fácil llegar a conclusiones simples. Las canciones de hoy duran solo dos o tres minutos, el tiempo que toma declamar una poesía no muy corta. La melodía permite que las letras sean más fáciles de recordar. Y la proliferación de medios reproductores, desde los tocadiscos de los años setenta a los iPods, han hecho que cualquiera pueda escuchar una canción tantas veces como desee.

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Sin embargo, hay que hacer una precisión. Las poesías declamadas y las canciones ya coexistían durante mucho tiempo. A principios del siglo XX Rubén Darío publicaba su Cantos de Vida y Esperanza, Juan Ramón Jiménez empezaba su carrera literaria… y los gramófonos se vendían desde fines del siglo anterior. Canciones infantiles como Mambrú se fue a la guerra se cantaban desde el siglo XVIII. De modo que no se puede hablar de un reemplazo. Sí, de un declive de la poesía y un auge, al mismo tiempo, de las canciones con letra.

¿Y por qué se produce este auge de las canciones? Curiosamente, coincide con una tendencia de la poesía durante el siglo XX: el abandono de la métrica y de la rima. Durante siglos la poesía se usó para contar las historias, desde los poemas homéricos hasta el Cantar del Mío Cid. En sociedades de gente iletrada y con escasos libros, las rimas permitían memorizar fácilmente y transmitir más fielmente los contenidos. Con la invención de la imprenta, la rima ya no fue necesaria para conservar la historia, pero el verso se siguió usando para crear belleza, en poemas y en obras teatrales.

Pero a partir del siglo XX, muchos poetas renuncian a la métrica y la rima. Si uno lee hoy un libro de poesía española contemporánea, o los ganadores de un concurso como los Premios del Tren, verá que la mayoría de los poemas prescinden de la métrica y de la rima –algunos conservan solo la métrica– y optan por el verso libre. Robert Frost decía que escribir versos libres es como jugar al tenis con la red en el suelo. Adiós al esfuerzo para buscar rimas, para constreñir el mensaje a una forma dada. Cada poeta tiene sus motivos para elegir el verso libre. Que permite huir del sonsonete. Que da más libertad en la expresión de los conceptos. O simplemente, que la mayoría de los jurados y los críticos de hoy desprecian la rima, y hay que complacerlos para labrar una carrera literaria.

Pero al prescindir de la rima, la poesía contemporánea se ha alejado del gran público. Porque lo que hacía atractiva a la poesía era, precisamente, la musicalidad, el ritmo, la sensación de belleza que producían las palabras rimadas. Lo que permitía que la gente recordara las composiciones poéticas era esa misma rima. Así, nuestras abuelas memorizaban y repetían con deleite las rimas asonantes de Bécquer y los tetrasílabos de Espronceda. Intente alguien memorizar y repetir con deleite alguna poesía contemporánea de cierta extensión, y verá que es imposible.

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Y así, la métrica y la rima se han refugiado en las canciones. Ahí la métrica es fundamental, pues la melodía exige un número dado de sílabas, y compositores como Sabina saben que la rima permite que la canción suene mejor y sea más fácil de recordar –quizás porque los compositores, a diferencia de los poetas, lidian directamente con el mercado y sus exigencias–. Y la gente encuentra ahora la belleza en las canciones, que a la poesía de las letras añade la armonía de la música.

Sabina, por ejemplo, en El rocanrol de los idiotas, usa versos endecasílabos agudos –con acento en la última sílaba– alternados con hexasílabos, figuras literarias como la metáfora (porque quiso el cielo / bautizar el suelo), contraposiciones algo barrocas (yo no jugaba para no perder / tú hacías trampas para no ganar) y rimas internas (y tus marchitos zapatitos de tacón / y mi futuro con pan duro), es decir, rimas entre palabras de un mismo verso, que aumentan la musicalidad, un recurso que usó por ejemplo Edgar Allan Poe en su poema en inglés El Cuervo. Es interesante imaginar, por un momento, qué hubiera pasado si Joaquín Sabina solo se hubiera dedicado a escribir versos y no a componer canciones, si habría alcanzado la fama que tiene ahora, y si los jurados de los concursos literarios habrían juzgado favorablemente sus composiciones.

¿Difícil? No, solo injusto

No es lo mismo. Y tendemos a confundirlo. A menudo nos vemos inmersos en situaciones que tendemos a considerar difíciles. Y no siempre es así. A veces simplemente no es justo lo que está pasando.

Pocos días después de haber terminado los últimos exámenes finales del cuatrimestre de otoño, es inevitable que en cualquier conversación acabe saliendo ese tema. Los exámenes. Sea cual sea, nunca falta quien lo ha encontrado difícil. Es típico. Tan típico como lógico. Es extraordinariamente improbable que no haya habido nadie que se haya atascado en alguna pregunta o que no le haya dado tiempo a estudiarse el tema que han acabado preguntando. Y no pasa nada. Sin embargo, en ocasiones, esa sensación de dificultad es colectiva. Más colectiva. Cabría entonces preguntarse si en realidad no ha sido un examen difícil sino injusto. Ya os digo yo que un final de toda una asignatura que consista en 15 preguntas tipo test de respuesta cuádruple donde siempre existe la opción “todas son correctas” no es difícil. Es injusto. Y mucho. Más injusto aún si la esperanza matemática es negativa, es decir, si en lugar de quitarte una buena por cada tres fallos —cosa que sería justa- te quitan media correcta por cada error.

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Y los exámenes no tienen por qué ser injustos solamente en cuanto a la forma de “puntuar”. También pueden serlo con su contenido. No me parece legítimo que se conviertan en pruebas de fuego donde hay que, de alguna manera, “inventarse” la respuesta. Veamos un ejemplo. Supongamos un examen de química. Nos pregunta qué reactivo hemos de hacer reaccionar con B para dar C. La respuesta es A. Este es un compuesto prácticamente inerte que no suele participar en este tipo de reacciones, por lo cual ni nos planteamos esa solución, aunque bajo ciertas condiciones muy especiales y en presencia de determinados catalizadores A reacciona con B para dar C. A lo largo del curso nos quedó bien claro que A es inerte y solo podríamos dar con la respuesta correcta mediante evidencias experimentales. No hay forma de deducirlo. Entonces, ¿estamos ante una pregunta difícil? ¿O simplemente injusta?

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Al igual que en los exámenes, también podemos relacionar equivocadamente estos dos conceptos en otras áreas, como los videojuegos. Esta idea la saqué de YouTube —canal de Leyendas & Videojuegos-. El éxito de un videojuego radica, en parte, en su nivel de dificultad. Si es demasiado fácil, nos aburriremos. Si es demasiado “difícil”, nos frustraremos. Y muchas veces los programadores tratan de incrementar esta dificultad con planteamientos que lo único que consiguen es hacer un juego injusto: te obligan a matar bichos —farmear, en lenguaje gamer– durante horas para subir de nivel, llegas con mucho esfuerzo y tiempo invertido a lugares donde cualquier cosa te mata y te toca volver a empezar desde el principio, etc.

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Está claro que el azar —la suerte- es un componente fundamental del éxito —aunque quién sabe si el futuro no es caótico sino completamente determinista y tan solo no hemos encontrado ecuaciones que lo modelicen-. Y puede que en alguna ocasión no hayamos sabido superar satisfactoriamente una situación difícil. No necesariamente significa esto que no hayamos estado a la altura. No tiene por qué deprimirnos. Simplemente tal vez solo ha sido injusto y no difícil. Puede que lo mereciéramos. Aunque cuidado con esto: el decir que fue injusto es un consuelo, en ningún caso una excusa.

Para acabar, retomando lo de los exámenes, ya que es una escena bastante común, existe un gran problema. Cuántas veces habremos escuchado a la enorme mayoría excusándose con que “era muy difícil” o “ha ido a pillar”. Pensad que también está la posibilidad de que haya sido injusto. Y si decidimos justificarla y acogernos a ella, es nuestro deber defenderla hasta el final. ¿Por qué nadie se queja? ¿Por qué todos vamos de liberales y de justos y luego ni siquiera somos capaces de luchar por lo que nos pertenece? ¿Por qué hablamos de las injusticias en el mundo como si la vida nos fuera en ello y después no somos capaces ni de combatirlas a nivel personal? Nunca lo entenderé…

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Esto último viene a raíz de una experiencia personal. En la intranet de la universidad me aparecía una nota final inferior a la que yo calculaba haciendo la media del curso —casi medio punto menos- y fui a preguntarle al profesor. Tras discutirlo, resultó que se había equivocado en la hoja de cálculo al coger una columna para hacer las operaciones. Al corregirlo, a todos nos subió la nota. NADIE más se había quejado. Cuando se lo comenté a los compañeros, obviamente, se alegraron. “Ya decía yo que no me salían las cuentas…” Y con esa actitud, normal que no te salgan =)

El último adiós

Ya hace unos días que dejamos atrás 2014. Y se acabó sin post navideño —muy a mi pesar, por falta de tiempo-. Precisamente hoy quiero hablar de esto, de la pérdida. De aquello que dejamos atrás. De ese “adiós” que realmente duele. Porque sabes que nunca más volverás a decir “hola”.

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Muchos han hablado y escrito sobre este tema. Pero hoy me interesa especialmente el enfoque de la psiquiatra suizo-estadounidense Kübler-Ross. Su modelo —el llamado modelo de Kübler-Ross- describe cinco etapas que atravesará una persona al hacer frente a una pérdida o hecho traumático —divorcio, drogodependencia, diagnóstico de infertilidad, fallecimiento de un ser querido-, aunque generalmente sea el advenimiento de la propia muerte.

Una de mis sagas favoritas de videojuegos es The Legend of Zelda —y no, Zelda NO es el hombrecillo de verde, ese es Link, Zelda es la princesa-. The Legend of Zelda: Majora’s Mask es sin duda el título más complejo. Nació en el 2000 para Nintendo 64 y empecé a jugarlo por aquel entonces. Y sigo fascinándome con él —este año sacarán una adaptación a Nintendo 3DS, así que si algún hijo, sobrino o incluso vosotros tenéis una, os lo recomiendo-. ¿A qué viene esto? Pues bien, como decía, la trama del juego es terriblemente compleja, hasta tal punto que existen diferentes teorías sobre la misma. A mí la que más me gusta es una que explicaba el usuario RanguGamer en su canal de Youtube. Y se basa en el modelo de Kübler-Ross. Primero pongámonos en situación.

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La historia comienza justo después de terminar The Legend of Zelda: Ocarina of Time. En este, Link, un niño de ropas verdes que vivía en el bosque Kokiri, resulta ser el héroe del tiempo. De este modo, ha de viajar al futuro para salvar al Reino de Hyrule del Señor de las Tinieblas, Ganondorf. En ese viaje —que es básicamente la trama del juego- se hace mayor bruscamente, su mentalidad de niño queda encerrada en un cuerpo adulto y vive una vida en la que nunca existió la transición a la madurez. Una vez conseguido su objetivo, Link ha de volver al pasado, a la infancia que dejó a medias, pero manteniendo su recién forjada conciencia de adulto. Y en su mente siguen habitando todas esas personas a las que quería y con las que compartió su vida en el futuro. En un futuro que ahora nunca sucederá, puesto que ha salvado Hyrule del mal y toda esa gente nunca lo habrá conocido o incluso ni siquiera llegarán a existir.

Majora’s Mask comienza aquí. Link pasea por el bosque con su yegua buscando algo —parece ser que a Navi, su pequeña hada compañera de fatigas, ya que en todo el juego no aparece por ningún lado-. Entonces es atacado por Skullkid, un niño con forma de espantapájaros que lleva una macabra máscara en forma de corazón torturado —la máscara de Majora-.

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En cierto momento del conflicto, Skullkid empuja al joven Link a un pozo. Cuando despierta, se halla en unas cloacas. Y su cuerpo no es humano, sino de deku, una raza de criaturas de los bosques.

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Tras lidiar con ciertos rompecabezas, se encuentra con el vendedor de máscaras —un misterioso personaje que aparece muy poco en el juego pero que es el eje central, ya que era el propietario de la máscara de Majora-. Este le ofrece devolverle a Link su forma humana a cambio de que le ayude a recuperar la máscara robada. Trato hecho. Cuando rompe el hechizo, el vendedor “atrapa” el cuerpo de Deku en una máscara y se la regala al joven para que la utilice si es necesario. Le explica que cada vez que se ponga una de las máscaras, su cuerpo cambiará de forma. El vendedor le dice también, después de algunas peripecias, que la maldición de Majora hará que la luna caiga sobre la Tierra en un plazo de 3 días. Urge recuperarla.

Al salir a la superficie ya no está en el bosque. Se encuentra en la Ciudad del Reloj, capital de una nueva región, Términa. En la ciudad se está organizando un carnaval y hay un ocioso ambiente festivo. Todo ello, junto con el carácter de los habitantes, hace que nadie se preocupe por esa terrorífica luna que fija la mirada en la ciudad, dispuesta a caer sobre ella y destruirla.

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Para detenerla, Link deberá viajar a distintos lugares de Términa con objetivo de resucitar a los Cuatro Gigantes. Estos serán capaces de frenar al astro amenazante y permitirán a Link finalmente subir a la misma luna a enfrentarse allí con el propio Majora. Cuando lo consigue, vemos como acaba celebrándose el festival y el vendedor desaparece con su preciada máscara.

La teoría que, como he dicho, más me gusta sobre este juego es la de que en realidad todo es un “sueño”. Resulta poco creíble que Link caiga a un pozo y llegue a un lugar que no aparece en los mapas, a kilómetros de profundidad pero que está en la superficie. Todo esto es una creación de la máscara. Majora ha llevado al héroe del tiempo a una realidad en la que luchará contra él mismo, contra los traumas que lo atormentan, hasta tal punto que todos los personajes de Majora’s Mask son un reflejo de los de Ocarina of Time. Además, observamos un constante ambiente escalofriante y tétrico.

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Si ponemos especial atención podremos observar las cinco fases del duelo de Kübler-Ross a lo largo del argumento:

Negación. Los habitantes de la Ciudad del Reloj preparan felices las fiestas, sin dar importancia a la destrucción inminente que se cierne sobre ellos.

Ira. Cuando Link viaja al pantano, el jefe de una colonia Deku está furioso porque han secuestrado a su hija y lo paga con unos monos inocentes.

Negociación. El fantasma del fallecido líder de la tribu Goron se aparece a Link para rogarle una segunda oportunidad en la vida, ofreciéndole su máscara para poder vivir a través de él cada vez que se la ponga.

Depresión. Otra de las máscaras que Link obtendrá es la de Mikau, un joven y admirado guitarrista de la raza Zora que el mar ha asesinado. Su madre permanece todo el juego de pie en la playa. Mirando al horizonte. Sin hablar.

Aceptación. La última prueba que ha de superar Link para resucitar al cuarto gigante es la escalada de la Torre de Piedra, en cuya cima obtendrá las flechas de luz. Esto parece simbolizar la ascensión de su alma y la aceptación de la cruda realidad.

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Pero Link está vivo, no tiene que superar su muerte. Lo que está intentando superar a lo largo de todo Majora’s Mask es la muerte de su identidad. El desvanecimiento de su vida adulta. ¿Qué hará el héroe del tiempo ahora que ha cumplido su misión y ha perdido todo aquello que quería al volver al pasado?

Uno de los elementos que destaca en el juego es el uso continuado de máscaras para poder progresar. Link ha de cargar con todas ellas en su aventura. Ha de llevar consigo el peso de los difuntos que las han legado.

Otro de los puntos fundamentales —y originales- del juego es el tiempo. Cada minuto que jugamos supone el paso de una hora en Términa. Y a las 72 horas —tres días y tres noches-, fin del juego. Pero Link posee la ocarina del tiempo —reminiscencias de Ocarina of Time-, con la que puede volver al principio del primer día portando con él los ítems y máscaras que haya conseguido. Está predestinado a repetir los mismos tres días una y otra vez para poder salvar Términa. No hay forma de perder. Siempre puede volver a tocar la canción del tiempo para regresar al primer día. Es una lucha interna contra sí mismo. Siempre puede volver a intentarlo. Pero… ¿querrá hacerlo?

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Espero que os haya gustado este resumen de The Legend of Zelda: Majora’s Mask —por cierto, si no me equivoco, Zelda no aparece en todo el juego- y haya sido ilustrativo del modelo de Kübler-Ross. Por último, os dejo una archiconocida melodía que hace poco redescubrí y que habla sobre la pérdida, la desesperación, cómo convivir con la muerte. Y resulta que es la más escuchada en los funerales británicos. Nunca hubiera imaginado que un grupo cómico —los hilarantes Monty Python- fueran los más comunes invitados =)

Nota: la increíble historia de la máscara de Majora es más complicada —no he comentado nada sobre las incontables historias secundarias, por ejemplo-. Por si queréis algo más de información sobre Ocarina of Time y Majora’s Mask os dejo el link del vídeo con la teoría que he explicado: https://www.youtube.com/watch?v=QFzHrFIi95s. También está bien la sinopsis que hay en Wikipedia.

Nota 2: Sí, en Majora’s Mask Link es un niño y en la última foto he puesto uno más crecidito.