Dios hizo sacar a Pandora una vela de su caja

¡Hola! Hace ya días —semanas- de la última entrada y ya era hora de sacudir las telarañas que cubrían el salero y de espantar a las hormigas que estaban robando —hurtando, mejor dicho- el azúcar.

El otro día, viendo una serie —Sin tetas no hay paraíso, la recomiendo aunque ya tiene unos años-, uno de los personajes dijo algo que nunca había oído: deus ex machina. Me gustó la frase. Es latín. El tipo y sus secuaces se encontraban en jaque, en una situación de la que no iban a poder salir de ninguna de las maneras. Sin embargo, de repente, como por arte de magia, entró en escena una personalidad importante que movió los hilos a fin de que pudieran llegar a buen puerto. Deus ex machina. Literalmente significa “Dios desde la máquina” —o al menos eso dice Wikipedia, que el latín no es mi punto fuerte-. Su origen se remonta al teatro grecorromano, donde, al llegar a un punto de la obra en que no había forma seguir adelante con la trama, hacía acto de presencia una deidad que reconducía la situación y la adaptaba a las exigencias del guión. Es por tanto un elemento literario que básicamente rompe la coherencia de la historia, cual asíntota vertical rompe la continuidad de una función, y nos deja con esta cara:

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Esto me recuerda a cómo se explicaban muchos de los fenómenos de la naturaleza en la antigüedad. En incontables ocasiones se han tratado de explicar mediante originales y hermosas historias de seres sobrenaturales —véase la mitología griega-, que igualmente pueden dejarnos con la misma cara que Jackie Chan; aunque a veces simplemente se identifica a una deidad con la causa del fenómeno y punto —no nos calentamos mucho la cabeza-. Prácticamente todas las culturas han dado una explicación “deus ex machina” al fuego: griega, romana, persa, celta, china, africana, maya, etc. Incluso algunas lo han divinizado. En la mitología griega encontramos una curiosa historia en la que la pelea por el fuego acaba dando lugar al mito de la caja de pandora. Prometeo era un titán amigo de los mortales, quien les enseñó a hacer sacrificios para los dioses. En cierta ocasión, tomó el pelo a Zeus, haciéndole elegir como sacrificio un recipiente lleno de huesos pero cubierto con suculenta grasa de buey en lugar de otro que contenía toda la carne tapada con asquerosas vísceras. Entonces Zeus desató su ira privando a los humanos del fuego. Pero al titán no le pareció justo y decidió tomar parte de la llama olímpica con una rama y devolvérsela a los humanos.

Esto enfureció aún más a Zeus y lo llevó a crear junto al resto de dioses a la primera mujer, Pandora, la que sería artífice de su plan, una bellísima joven a la cual todos otorgaron parte de sus atributos. Fue mandada con el objetivo de enamorar a Epimeteo, hermano de Prometeo, que guardaba en su casa un ánfora que contenía todos los males: enfermedades, pobreza, muerte, tristeza… Sin embargo, ni siquiera Epimeteo conocía esto. Solo sabía que nunca debería abrirla. Pandora acabó viviendo con su amado, y su don de la curiosidad, dado también por los dioses, hizo que no respetara las advertencias de no abrir el ánfora. De este modo, la chica desató los males que ahora persiguen a la humanidad. Abrió la Caja de Pandora.

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Estábamos hablando del fuego… Como no pude ver los episodios de Órbita Laika —genial programa de humor y ciencia de La 2- en directo, los estoy viendo desde su página web. Y esta semana vi uno en que hacían experimentos con una vela y explicaban toda la física que hay tras ella —nótese el uso de Órbita Laika deus ex machina para poder seguir hablando del fuego-. Para empezar, lejos de lo que se podría pensar, lo que se “quema” —el combustible- no es la mecha sino la cera vaporizada, que suele ser un éster. Es por ello que no podemos encender una vela tradicional instantáneamente acercando una llama a la mecha; hemos de esperar a que se evapore algo de cera para que se inicie la reacción de combustión. Con esto se puede crear un efecto increíble: encender una vela a distancia —¿magia?-. Si la apagamos y enseguida acercamos una cerilla o un mechero encendido, pero sin llegar a tocarla, también prenderá. Esto sucede porque aún queda cera flotando en el aire que reacciona al aportar calor con la cerilla y vuelve a desencadenar la combustión. Además, la llama se situará de nuevo sobre la vela puesto que es su fuente de combustible. No sé si me habré explicado bien, así que lo más fácil es verlo:

Para acabar, me gustaría dejaros una canción que he descubierto también estos días de ausencia y que me ha resultado motivadora. Where’s the good in goodbye? Where’s the nice in nice try? =)

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