Lo imposible

No. No voy a hacer una crítica de la aclamada película. Solamente quería hablar un poco sobre lo imposible. Primero, cabe comentar una forma de ver lo imposible: identificarlo con algo hiperbolizado, algo absurdamente superior. Hace relativamente poco —basta con irnos una década o dos atrás-, supongo que “era imposible” que pudieran existir ordenadores —y teléfonos, y videoconsolas, y tablets– tan rápidos y potentes como los de ahora. Esto me recuerda esa frase que se suele atribuir a Bill Gates —hay quien dice que erróneamente, hay quien no- y que resume un pensamiento colectivo de la época de los ochenta —más o menos-. Al fin y al cabo, ‘640k deberían ser suficientes para cualquiera’.

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Luego tenemos aquello que calificamos de imposible aunque no lo sea. Bueno, en realidad un poco sí. Imposible también es aquello extraordinariamente improbable. Improbable quiere decir, obviamente, que su probabilidad es muy baja. “Extraordinariamente” enfatiza el “muy”. Diría que es algo similar al épsilon matemático —o a un diferencial-, a ese número tan pequeño como uno quiera. ¿Qué quiero decir con esto? Pongamos un ejemplo. El hecho de que cuando yo enchufe el microondas, explote, es, en este sentido, imposible. Para poder decir que es extraordinariamente improbable hemos de saber cuál es su probabilidad y la experiencia nos dice que, partiendo de que es posible que explote, es algo que no sucede prácticamente nunca. Por tanto, es extraordinariamente improbable. Sin embargo, hace un tiempo discutía con dos personas sobre la transferencia de energía. Uno de ellos afirmaba que algún día la electricidad llegaría a nuestras casas sin necesidad de cables. Por ondas o algo así. El otro dijo que eso era imposible. ¿Imposible? ¿Quería decir extraordinariamente improbable? No, puesto que al predecir el futuro no tenemos ni idea de las probabilidades con que pueden tener lugar los sucesos. Este “imposible” encuadra mejor en nuestra primera categoría, en la de hipérboles —absurdas o no-, un “imposible” del que no tenemos ningún tipo de seguridad sobre su certeza.

Si llevamos un poco más al extremo este concepto basado en la probabilidad, que ya de por sí es exagerado, encontraremos en la naturaleza cosas cuya condición de imposible pocos cuestionarán. ¿Qué cosas? Que si dejamos caer un perro —mejor un globo lleno de agua, borrad el animalito e imagináos un globo- desde el Empire State e impacta contra el suelo, no sobrevivirá reventará. Y pocos dirán que es imposible que no lo haga. En cierto modo el arte nos permite disfrutar de este tercer tipo de imposible. Incluso ser partícipes de ello. ¿A qué me refiero con esto? Pues a que gracias a ciertas “personas” hacemos cosas imposibles. “Gente” que nos entretiene. “Gente” que nos divierte. “Gente” que nos hace reír. “Gente” que nos hace esforzarnos. “Gente” que no necesita carta de presentación:

-Mario aguanta todos los cabezazos que le demos contra los bloques de ladrillo. Además lanza caparazones de tortuga que deslizan infinitamente por el suelo que él mismo pisa, una superficie con rozamiento.

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-Sonic, el erizo, es capaz de correr a una velocidad supersónica, lo cual a nosotros nos… “desgarraría”.

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-Kirby absorbe todo lo que se interponga en su camino. Y se mantiene igual de pequeño y de rosa —¡violación de la conservación de la masa!-.

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-Pikachu genera energía como por arte de magia, lanzando rayos por doquier —¡burla a la conservación de la energía!-. Y, por ejemplo, cualquier Pokémon de agua escupe toda la que desee —¡otra vez con la conservación de la masa!-.

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Por último me gustaría comentar que hay ocasiones en que algo que nos parecía imposible se cumple y pasa a ser increíble. ¿Quién pensaría que hacer la compra de la semana nos pudiera costar miles de millones de euros? Pues alguna vez ha sucedido. Es una de las consecuencias de la hiperinflación, del excesivo aumento generalizado de los precios. Pero que aumente el precio de un bien o servicio no significa que este sea más valioso. Hemos de entender el precio como la relación de cambio por dinero. Entonces, el incremento de los precios representa una disminución del valor del dinero. Cuando esto pasa, los ahorradores son cada vez más pobres y los salarios cada vez dan para menos porque no suben a la par que los precios —en el caso histórico más extremo, 1946 en Hungría, se llegaron a pagar los sueldos cada cuatro horas, los precios se acabaron duplicando dos veces al día y en el punto crítico de la nefasta etapa de hiperinflación, esta fue del cuarenta y dos mil billones por ciento: los precios subieron un 41.900.000.000.000.000%, llegándose a imprimir un billete de mil trillones-. Estas situaciones nos dejan estampas como la de la siguiente imagen: “Solo papel higiénico. No usar dólares de Zimbabue”. Porque en ocasiones no es necesario ser asquerosamente rico para limpiarse el trasero con dinero =(

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Nota: podéis leer datos muy curiosos sobre los casos más importantes de hiperinflación a lo largo de la historia en http://fronterasblog.wordpress.com/2011/08/25/cuando-el-dinero-no-vale-ni-el-papel-en-el-que-esta-impreso-y-ii/ =)

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Agua desordenada

Es bien sabido por todos –hasta por los niños pequeños- que la temperatura de ebullición del agua es de unos 100ºC. El punto de ebullición es la temperatura a la cual la presión de vapor del líquido estudiado iguala la presión de vapor del medio en el que se encuentra. Vamos, la temperatura a la que el líquido pasa a gas. Sin embargo, también es sabido que los líquidos se evaporan antes de llegar a su punto de ebullición. Y menos mal. Porque como los seres vivos tuviéramos que perder calor evaporando agua a 100ºC… Pues bien, ¿cómo es esto posible? O, ¿por qué sucede esto?

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Si observamos un líquido –pongamos por caso el agua- a nivel molecular, encontraremos eso, moléculas, vibrando y moviéndose. En el interior, todo es paz y felicidad, pero en la superficie, como ya comentamos una vez, no todo es tan bonito. Las moléculas se ven sometidas a una tensión que “las mantiene atadas” a ella. Por otro lado, hemos de conocer algún concepto básico de termodinámica. Y es el siguiente. Los cuerpos tienden a viajar a potenciales menores. Igual que una pelota cae hacia abajo –el potencial gravitatorio aumenta con la altura sobre la superficie terrestre- e igual que una carga positiva se ve atraída por una negativa. Todos tratan de disminuir su energía. Pues existe un concepto similar a estos llamado potencial químico, que tiene que ver con la composición de un sistema, la concentración de las distintas sustancias, etc. En general, en la vida cotidiana, el potencial químico del agua líquida es mayor que el del aire, por lo cual las partículas intentarán escapar al ambiente. Y, entonces, ¿por qué no se nos evapora el agua instantáneamente al igual que una piedra cae por atracción gravitatoria? Esto no sucede de manera tan obvia y sencilla puesto que, como acabamos de comentar, existe una fuerza que mantiene firmes a las moléculas de la superficie. De este modo, solo conseguirán pasar al medio gaseoso aquellas que, aleatoriamente, por movimientos moleculares, logren en un cierto instante escapar del líquido para no volver, ya que supondría ir hacia potenciales mayores. Además, al aumentar la temperatura, incrementamos también la energía cinética de las partículas, lo cual facilitará la fuga de pequeños H2O.

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Este fenómeno –o conjunto de fenómenos- está íntimamente relacionado con el Segundo Principio de la Termodinámica –hay que ponerlo en mayúsculas porque un nombre así lo merece, digo yo-. Existen diferentes enunciados pero todos se pueden resumir en que la entropía del Universo tiende a aumentar. ¿Qué es eso de la entropía? La forma más fácil de definirla y entenderla es como el grado de desorden de un sistema. Y siempre aumenta –o se mantiene constante en el caso de procesos reversibles, en el mundo imaginario de los planos inclinados 30º y sin fricción…-. Imaginemos por ejemplo una habitación vacía –vacía quiere decir vacía-. Imaginemos ahora que metemos un puñado de partículas que se pueden mover libre y aleatoriamente por todo el recinto. ¿Se quedarán todas apelotonadas y ordenadas en una esquina o se repartirán homogéneamente por el espacio? Claramente se dispersarán. Y esto no es algo puramente físico sino más bien matemático, de estadística. Realmente existe la posibilidad de que las partículas se acumulen en una región, pero lo más probable es que se repartan, que se desordenen –el Cosmocaixa, aquí en Barcelona, está repleto de juguetes para hacer experimentos y uno consiste en observar esto [web del museo: http://obrasocial.lacaixa.es/nuestroscentros/cosmocaixabarcelona/cosmocaixabarcelona_es.html]-. Exactamente ocurre lo mismo con el agua que pasa a vapor: el mayor desorden tendrá lugar en el estado gaseoso, en el cual las partículas bailan libremente.

El Segundo Principio es un tema muy interesante, fundamentado en la mecánica estadística y la teoría de la información, al cual probablemente volveremos otro día. Por hoy creo que es suficiente =)

 

Una última reflexión para este mes en el que no hay crisis ni calentamiento global, sino solo fútbol: are we human o are we dancer?