Las ideas de Riot

¡Hola! Por fin me ha dado tiempo a barrer un poco el polvo de Azúcar con Sal y preparar todo lo necesario para volver a publicar. Hoy quería escribir sobre algo que a muchos les resulta extraño, desagradable o incomprensible, con el objetivo de dar una visión global sobre ello y acercarlo a quienes lo conocen pero no entienden su fama. ¡Espero que os guste!

El fútbol. A todos —o casi todos- nos gusta. Todos tenemos nuestro equipo y durante 90 minutos tenemos rivales —en ocasiones casi enemigos- con los que nos llevamos a rabiar. El partido no se juega solo en el campo. Se juega en cada casa. En cada bar. En cada reunión de amigos. Se juega antes. Y se juega después. El fútbol mueve pasiones —y mucho, mucho, mucho dinero-. El fútbol nos lleva a lo más alto y también nos deja caer desde allá arriba. El fútbol es tan importante para muchos como lo es el respirar. Y queramos o no, esto es una realidad. Pero, ¿y si algún día el fútbol dejara de ser lo que es? ¿Y si algún día no televisaran el Barça-Madrid sino el Origen-Fnatic? ¿Y si en algún momento a un niño ya no se le regale un balón sino un ratón? ¿Y si en lugar de hablar de la FIFA se hablara de Riot Games?Riot1

Por si no lo habéis adivinado, estoy hablando de los e-sports, concretamente de League of Legends. Más conocido como LoL —Fnatic y Origen son dos de los mejores equipos de Europa a día de hoy-. ¿Qué es League of Legends? Un videojuego de ordenador. Simplemente eso. Pero no únicamente eso. Ha alcanzado una cota de jugadores récord y es uno de los más exitosos en la actualidad. Primero quiero que veáis la siguiente cinemática de Riot —empresa a cargo de LoL- publicada hace ya algún tiempo con objetivo de promocionar el juego:

Tiene buena pinta, ¿verdad? Pasemos ahora a explicar en qué consiste LoL. El sistema de juego no es complicado a priori. Es un videojuego de estrategia en tiempo real en el que el objetivo es destruir la base enemiga. Cada equipo tiene 5 jugadores que empiezan con su campeón —así llama Riot a los personajes jugables- a nivel 1. Por otro lado, de cada base salen unos pequeños bichejos llamados comúnmente minion —no, no son los amarillos de las películas- o súbditos. Como podemos apreciar en el mapa de abajo, existen tres caminos con torres, la mitad de las cuales pertenece a un equipo y la otra mitad, a otro.Riot2

Los jugadores deben de conseguir derribar estas torres para poder alcanzar el nexo —el objetivo final del juego- rival. Y para poder avanzar tendrán que matar minion enemigos y a los propios campeones del otro equipo. Por otro lado, a medida que matamos vamos ganando experiencia para subir de nivel y oro para comprar objetos, haciéndonos así más fuertes a medida que acumulamos asesinatos en nuestro marcador. Además, también está la jungla, que es toda la zona entre calles, donde aguardan monstruos a los que derrotar para ganar bonificaciones y encuentros no muy agradables con los rivales.

La mecánica es relativamente sencilla. Sin embargo, si añadimos que existen más de cien —y subiendo- campeones entre los que elegir, con sus diferentes habilidades, distintos objetos que comprarnos, etcétera, nos encontramos ante una infinidad de posibles estrategias a seguir y formas de llevar al equipo a la victoria.

League of Legends es clasificado como un moba. Multiplayer Online Battle Arena. Y esa es la clave de su éxito. Multijugador. Puedes pasarlo bien con amigos, e incluso hacer amigos in-game. Online. Puedes jugar con tus amigos pero sin necesidad de quedar en casa de ninguno. Campo de batalla. Son partidas de entre 20 y 60 minutos en general, que no tienen por qué tener mayor trascendencia una vez terminadas. Ah, y es gratuito —que eso siempre nos gusta-.

Además, Riot está haciendo muy bien las cosas. LoL disfruta de una interfaz moderna, actualizada periódicamente, así como las texturas de dentro del juego. Cada cierto tiempo Riot trae actualizaciones en las que, aparte de mejoras visuales y de funcionamiento, añade nuevos campeones, objetos, monstruos de jungla y multitud de cambios en lo que ya había. Pero sin duda, a mi parecer, uno de los mayores filones que ha encontrado Riot son las skins. Todos los personajes tienen aspectos secundarios —otros trajes diferentes al estándar podríamos decir- que no aportan absolutamente nada —solo el orgullo de verte diferente al resto- y que pueden conseguirse pagando dinero real. No son necesarias. Pero Riot ya se encarga de hacer que creas que son necesarias.

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¿Qué es lo que aún le falta para poder compararlo con el fútbol? Campeonatos. Bueno, tampoco. En LoL encontramos un sistema de ligas en las que uno gana o pierde puntos según gane o pierda partidas de tipo clasificatorio. De este modo, uno puede promocionar a la siguiente o bajar a la anterior. Tenemos primero la liga Bronce V, seguida por Bronce IV, III, II y I. De igual forma, por arriba tenemos las cinco de Plata. Y Oro, Platino y Diamante. Tras Diamante I existe la división Maestro y, reservada para los mejores, Challenger. Muchos de los que ascienden a esta especie de Olimpo cibernético entran a jugar la llamada LCSLeague Championship Series-, la máxima competición de LoL. Durante toda la temporada, los equipos de LCS de cada una de las regiones del mundo —Europa, Corea, Norte América y China fundamentalmente, aunque en cada zona la competición recibe un nombre diferente a LCS, que es la de Europa- luchan por los primeros puestos, que les garantizan una plaza en el Mundial, el mayor evento del año, seguido por miles de fans que asisten al acontecimiento y otros cientos de miles —o millones- de espectadores online. Como si de la Copa del Mundo de fútbol se tratara. Incluso algunos jugadores profesionales, no contentos con ganar increíbles cifras de dinero —entre lo que cobran de Riot y de distintos patrocinadores en ocasiones alcanzan los millones de euros-, también son idolatrados y queridos por el público gamer.Riot8

No está mal como videojuego. Incluso puedes seguir la LCS igual que cualquiera puede seguir la Liga o la Champions. Pero para algunos también es como una droga. Sin duda creo que el origen de ello radica en la diferencia que hay con el fútbol —o cualquier otro deporte clásico- a la hora de entrenar. No necesitas realizar aburridos ejercicios para practicar el tiro a puerta o el marcaje defensivo. Solamente has de jugar una partida tras otra, aprendiendo todo lo que puedas. Sin embargo, dicen que lo poco gusta y lo mucho cansa, ¿no? ¿Qué pasa pues con LoL? El fenómeno LoL no solo es resultado de un buen producto creado por una empresa ni por la brutal campaña de marketing que se le ha dado, ni siquiera por el hecho de querer considerarlo un deporte al denominarlo e-sport. El último elemento fundamental que contribuye al éxito de LoL —y a su posible condición de droga- es el apartado psicológico que esconde. En primera instancia, ganar te hace sentir bien. Eso es trivial. Pero te sientes mejor aún si sabes que has ganado a otra persona y no a una máquina. Sabes que eres mejor que alguien y eso te gusta. Y ahí no acaba la cosa. Cada vez que entras en una partida y te asignan cuatro nuevos compañeros, te sientes parte de un todo. Y el hacer una buena jugada o llevar a tu equipo a la victoria te proporciona el respeto y el cariño —tal vez decir “cariño” sea demasiado- de tu equipo. LoL fácilmente te hace sentirte importante. Y si no lo consigues en una partida, lo conseguirás en la siguiente. Y si tampoco lo consigues, entonces jugarás otra a ver si hay más suerte. Y si lo consigues, jugarás otra a ver si hay la misma suerte. Y así sucesivamente. Empezar en LoL no es del todo sencillo, tardas unas partidas en adaptarte a la forma de jugar, a las mecánicas del juego y a colaborar con el equipo. Riot9Pero lo realmente difícil es dejarlo. Y ahí es donde Riot ha dado en el clavo. Ha hecho que lo más complicado del juego para muchos sea pulsar el botón ‘Uninstall’. Enhorabuena Riot =)

Nota: todo el análisis realizado sobre League of Legends es personal, puede que me haya dejado algún aspecto importante o que algo de lo que a mí me parece elemental no lo sea tanto.

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¿Difícil? No, solo injusto

No es lo mismo. Y tendemos a confundirlo. A menudo nos vemos inmersos en situaciones que tendemos a considerar difíciles. Y no siempre es así. A veces simplemente no es justo lo que está pasando.

Pocos días después de haber terminado los últimos exámenes finales del cuatrimestre de otoño, es inevitable que en cualquier conversación acabe saliendo ese tema. Los exámenes. Sea cual sea, nunca falta quien lo ha encontrado difícil. Es típico. Tan típico como lógico. Es extraordinariamente improbable que no haya habido nadie que se haya atascado en alguna pregunta o que no le haya dado tiempo a estudiarse el tema que han acabado preguntando. Y no pasa nada. Sin embargo, en ocasiones, esa sensación de dificultad es colectiva. Más colectiva. Cabría entonces preguntarse si en realidad no ha sido un examen difícil sino injusto. Ya os digo yo que un final de toda una asignatura que consista en 15 preguntas tipo test de respuesta cuádruple donde siempre existe la opción “todas son correctas” no es difícil. Es injusto. Y mucho. Más injusto aún si la esperanza matemática es negativa, es decir, si en lugar de quitarte una buena por cada tres fallos —cosa que sería justa- te quitan media correcta por cada error.

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Y los exámenes no tienen por qué ser injustos solamente en cuanto a la forma de “puntuar”. También pueden serlo con su contenido. No me parece legítimo que se conviertan en pruebas de fuego donde hay que, de alguna manera, “inventarse” la respuesta. Veamos un ejemplo. Supongamos un examen de química. Nos pregunta qué reactivo hemos de hacer reaccionar con B para dar C. La respuesta es A. Este es un compuesto prácticamente inerte que no suele participar en este tipo de reacciones, por lo cual ni nos planteamos esa solución, aunque bajo ciertas condiciones muy especiales y en presencia de determinados catalizadores A reacciona con B para dar C. A lo largo del curso nos quedó bien claro que A es inerte y solo podríamos dar con la respuesta correcta mediante evidencias experimentales. No hay forma de deducirlo. Entonces, ¿estamos ante una pregunta difícil? ¿O simplemente injusta?

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Al igual que en los exámenes, también podemos relacionar equivocadamente estos dos conceptos en otras áreas, como los videojuegos. Esta idea la saqué de YouTube —canal de Leyendas & Videojuegos-. El éxito de un videojuego radica, en parte, en su nivel de dificultad. Si es demasiado fácil, nos aburriremos. Si es demasiado “difícil”, nos frustraremos. Y muchas veces los programadores tratan de incrementar esta dificultad con planteamientos que lo único que consiguen es hacer un juego injusto: te obligan a matar bichos —farmear, en lenguaje gamer– durante horas para subir de nivel, llegas con mucho esfuerzo y tiempo invertido a lugares donde cualquier cosa te mata y te toca volver a empezar desde el principio, etc.

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Está claro que el azar —la suerte- es un componente fundamental del éxito —aunque quién sabe si el futuro no es caótico sino completamente determinista y tan solo no hemos encontrado ecuaciones que lo modelicen-. Y puede que en alguna ocasión no hayamos sabido superar satisfactoriamente una situación difícil. No necesariamente significa esto que no hayamos estado a la altura. No tiene por qué deprimirnos. Simplemente tal vez solo ha sido injusto y no difícil. Puede que lo mereciéramos. Aunque cuidado con esto: el decir que fue injusto es un consuelo, en ningún caso una excusa.

Para acabar, retomando lo de los exámenes, ya que es una escena bastante común, existe un gran problema. Cuántas veces habremos escuchado a la enorme mayoría excusándose con que “era muy difícil” o “ha ido a pillar”. Pensad que también está la posibilidad de que haya sido injusto. Y si decidimos justificarla y acogernos a ella, es nuestro deber defenderla hasta el final. ¿Por qué nadie se queja? ¿Por qué todos vamos de liberales y de justos y luego ni siquiera somos capaces de luchar por lo que nos pertenece? ¿Por qué hablamos de las injusticias en el mundo como si la vida nos fuera en ello y después no somos capaces ni de combatirlas a nivel personal? Nunca lo entenderé…

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Esto último viene a raíz de una experiencia personal. En la intranet de la universidad me aparecía una nota final inferior a la que yo calculaba haciendo la media del curso —casi medio punto menos- y fui a preguntarle al profesor. Tras discutirlo, resultó que se había equivocado en la hoja de cálculo al coger una columna para hacer las operaciones. Al corregirlo, a todos nos subió la nota. NADIE más se había quejado. Cuando se lo comenté a los compañeros, obviamente, se alegraron. “Ya decía yo que no me salían las cuentas…” Y con esa actitud, normal que no te salgan =)